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Inventario de un desastre

Los cuatro años de gobierno de Iván Duque Márquez en Colombia dejan un resultado desastroso.

Los cuatro años de gobierno de Iván Duque Márquez en Colombia dejan un resultado desastroso, así él y sus obsecuentes áulicos se empeñen en maquillar esa imborrable realidad. Le falló todo: la noción sobre la dignidad del cargo, como alguna vez se lo enrostró el estadista Darío Echandía a otro descarriado gobernante. Le falló la autoridad porque acomodó la ética a sus frivolidades y se revistió de narcisista pasional. No alcanzó la comprensión respecto a sus responsabilidades, creyendo que a los colombianos los podía embaucar en el laberinto de sus desatinos.


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Uno de los traspiés de Duque es su subestimación del derecho a la paz. Se metió en la creencia de que el acuerdo pactado con las Farc para su desmovilización no merecía lo que estaba dispuesto. Por eso se pretendió “hacer trizas” lo que ya era compromiso de Estado, tendiente a ponerle punto final a un conflicto de medio siglo. Así esa actitud oficial se convierte en caldo de cultivo de la escalada de exterminio de los líderes y de las lideresas sociales, de los indígenas y de los afros, de los defensores de derechos humanos, de  los veedores ambientalistas, de los excombatientes y de los campesinos despojados de sus tierras. Cotidianamente son víctimas de esa demencia criminal hombres y mujeres a quienes se les niega la oportunidad de vivir en condiciones de seguridad.

Esa violencia ha sido el instrumento para la usurpación de tierras a sus legítimos propietarios. Los señores feudales han adiestrado a funcionarios abusivos para acomodar la trampa usurpadora. Su brazo armado que es el paramilitarismo tiene capacidad para consumar las operaciones de despojo a que haya lugar. La administración de Duque no escapó a esas jugaditas. Y el mapa de Colombia no solamente está cercado de cruces de víctimas sino también de expedientes o escrituras espurias.

La mentira es otro recurso con que tapiza su gestión el cuatrienio de Duque. Todos los indicadores con que hacen sobresaliente su  gobierno. Porque no son tantos los beneficios que dicen dispusieron para la población vulnerable. La pobreza sigue siendo lacerante y por eso es creciente el hambre.


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La educación, la salud y el empleo están siempre en déficit.  Mientras se habla de matrícula cero no se toma en cuenta que a la educación superior acceden muy pocos, en relación con la demanda. Sin salud también mueren colombianos marginados de ese derecho fundamental.

El tejido del desastre es mucho mayor. No son pocas las puntadas de la deforestación. La corrupción alcanza un nivel abismal, con tolerancia incluida. La justicia se vio afectada por desacatos y burlas o prácticas vergonzosas. El presidente Duque tuvo que ser consciente de semejante descarrilamiento, pero nunca se le vio reaccionar con intención correctiva. Por eso al cumplirse su período la nación siente que entra en una nueva etapa, que debe ser de rescate y de transformación.  Los vientos son de cambio y hay que fortalecer el espíritu de superación para no volver atrás. Gustavo Petro y Francia Márquez deben liderar la no repetición de tantas frustraciones.

Puntada

El espíritu de cambio tiene que sentirse todos los días en el nuevo gobierno.

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Domingo, 7 de Agosto de 2022

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