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Justicia transicional y restaurativa

Domingo, 27 de Septiembre de 2015
La paz ya comenzó en La Habana con un apretón de manos.

La paz ya comenzó en La Habana con un apretón de manos.

Ahora viene el camino más largo y difícil, unir nuestras propias acciones en la búsqueda del mismo propósito.

Esta semana se dio un histórico paso en el proceso de paz, el presidente Santos se reunió con Rodrigo Londoño Echeverri, alias ‘Timochenko’, comandante máximo de las Farc para firmar el punto del acuerdo sobre justicia transicional y víctimas.

También anunciaron que a más tardar en el mes de marzo de 2016, se firmaría el acuerdo final.

Estoy convencido de que hacernos la pregunta sobre nuestra contribución a la paz en Colombia, pasa por una mirada a las víctimas y hacia la manera como recomponemos la convivencia en una sociedad rota por la guerra.

Por eso, más allá de los avances alcanzados en Cuba sobre desarrollo rural, la participación política e incluso el problema de las drogas ilícitas, es necesario centrar nuestros esfuerzos en el sufrimiento humano y en el diseño de las condiciones necesarias para la no repetición de esta cadena de violencia.

Celebro que ese también haya sido el tono en los pronunciamientos de esta semana.

De un lado, el presidente Santos al hablar del nuevo sistema de justicia transicional, hizo énfasis en que esta jurisdicción debe satisfacer ante todo los derechos de las víctimas.

Por su parte, Rodrigo Londoño afirmó que hará lo que esté a su alcance, para lograr la paz sobre cimientos de verdad y reparación.

Es indispensable que la condición de víctima sea transitoria y no un estado permanente. Ese debe ser el marco sobre el que se construya el modelo de justicia transicional y restaurativa.

Un modelo que evite que los sentimientos de impotencia sigan definiendo el destino de las víctimas.

Un modelo que por el contrario, restaure y rehabilite a quienes más han sufrido y que esté dirigido a buscar la verdad, abriendo espacios de control social en temas de reparación de víctimas y esclarecimiento de hechos de guerra.

Las cifras a la fecha son alarmantes, siete millones y medio de víctimas, más de doscientas veinte mil personas muertas durante 50 años de guerra y millones de personas desplazadas por la violencia.

Hay que garantizar que esto no vuelva a pasar. Así, además de una paz sin impunidad, buscaremos una paz con garantías de no repetición.

*(Colprensa)