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La coherencia y lealtad política

Miércoles, 26 de Agosto de 2015
La historia nos muestra muchos casos que permitirían adelantar algunas respuestas.

Los valores morales democráticos son reglas de conducta de superior jerarquía que limitan la conducta de un político en cualquier contexto. Es lo que se conoce como moralidad política, y esta implica una serie de valores esenciales como: la coherencia, la lealtad, el respeto a la institucionalidad, a los representados, entre otros.

La coherencia por ejemplo cobra relevancia cuando un político que aspira a un cargo de elección popular profesa una ideología o pertenece a un partido político determinado, lo que implica una garantía de certeza, de previsibilidad de sus electores sobre qué tipo de gobierno vendrá para administrar los asuntos públicos.

¿Qué sucedería si los electores no tuvieren certeza previa de qué tipo de propuesta de gobierno vendrá a gobernarlos hacia el futuro?, ¿podría por ejemplo una propuesta comunista en época de campaña electoral, ser elegida y después gobernar como un gobierno liberal, socialista o de cualquier otra índole?

La historia nos muestra muchos casos que permitirían adelantar algunas respuestas.

Por ejemplo en el siglo XX los partidarios del Nacismo alemán de los años treinta, cuyo líder fundamental era Hitler; o los partidarios del Fascismo de Mussolini en la Italia de los años veinte; no alcanzaron a imaginar los planes macabros que tenían estos en mente -pese a su extremismo ideológico- y la catástrofe humanitaria y crueldad que resultaría elegir a estos personajes oscuros de la historia política universal (Holocausto y II Guerra Mundial).

Otro caso más reciente y más cercano en el tiempo y en el espacio es el relacionado con el Chavismo en Venezuela a finales de los años noventa. Si bien el discurso anti-político del expresidente Chávez antes de llegar al poder atendía a una idea de reforma y revolución pacífica de las costumbres corruptas de los partidos tradicionales en dicho país (A.D. y Copei) y a un nacionalismo exacerbado; el pueblo jamás imaginó el disparate político que resultaría elegir a este caudillo militar que terminó siendo de izquierda radical.

Por eso los valores políticos de la coherencia y lealtad son tan apreciados en cualquier contexto social. Si un político ha militado por años en un determinado partido, ha aprovechado al máximo su estructura interna (electores, ideario programático, peso histórico, etc.) y se ha hecho elegir en cargos de elección popular con su aval, lo lógico sería ser coherente y leal con este, apoyarlo en las buenas y malas épocas, y sobre todo tener un mínimo de respeto por sus miembros-electores.

Es indudable que en la práctica en muchos casos los partidos políticos funcionan como máquinas electorales que no respetan ni son coherentes con su ideología, sirviendo exclusivamente a intereses de poder, a burocracia y a perpetuar caciques políticos que no representan el interés general de los electores.

Por eso en definitiva el político primero debería mirar en qué partido político se hace, quiénes lo rodean, determinar si vale o no la pena hacer una carrera pública dentro del mismo, para así evitar caer en incoherencias y deslealtades futuras. Es preferible para los ciudadanos conocer de antemano el lobo que se esconde detrás de la piel de la oveja para luego no llevarse sorpresas políticas que hagan estragos con la cosa pública.