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La eterna patria boba

Miércoles, 10 de Noviembre de 2021
Por eso es que a pesar de ser un país con enormes riquezas naturales y un inagotable talento humano, seguimos siendo un país subdesarrollado, o en vía de transición, como eufemísticamente nos denominan entidades internacionales.

Contrario a lo que se piensa y afirma la historia, ese periodo comprendido entre 1810 y 1816, nunca ha terminado. Sin embargo, lo más trágico y lamentable es que, año tras año, no solo se renueva sino que se acentúa y radicaliza. Lo que demuestra la memoria a corto plazo de los colombianos y la poca capacidad de aprender de los desaciertos, que en muchas ocasiones cuestan vidas, y de los errores del pasado.

Uno de los últimos capítulos de está vergonzosa colombianada, se vive desde el 2002, con la elección de Álvaro Uribe Vélez como presidente de la república. Desde ese año, los políticos y el pueblo se dividieron en dos bandos: “uribistas” y “no uribistas”. No apoyar al mandatario de ese entonces, pone a la persona, automáticamente, en el bando contrario.

Como si fuera poco, por estos días de inicios de campaña para elecciones de congreso y presidencia, el rifirrafe es todos contra todos. Por ejemplo, los de derecha, entre ellos mismos pugnan y también lo hacen con los de izquierda. Hasta los de centro, que siempre se han destacado, o eso al menos parecía, por la moderación, están agarrados entre ellos mismos.  

De este modo, es imposible que este país progrese. Por eso es que a pesar de ser un país con enormes riquezas naturales y un inagotable talento humano, seguimos siendo un país subdesarrollado, o en vía de transición, como eufemísticamente nos denominan entidades internacionales.

Es muy lamentable que los dirigentes políticos colombianos estén más preocupados por aumentar sus posesiones materiales e incrementar su poder político. En la historia de Colombia muy pocos líderes han pensado y actuado de manera distinta. Eso se refleja en la enorme cantidad de necesidades y desigualdades en la que están sumidos millones de colombianos.

Sin embargo, lo más paradójico, los mismos colombianos, generación tras generación, somos los culpables de nuestras desgracias. En cada época electoral, siempre caemos en los mismos errores: nos dejamos comprar por 50 mil pesos, un bulto de cemento, una beca en una universidad pública para un hijo o un puesto en una entidad del Estado.

Ahora que se acerca tiempo de elegir a los que dirigirán el destino del país por los próximos cuatro años, los cucuteños y nortesantandereanos debemos ser sumamente responsables. En esta región del país los políticos solo aparecen durante la campaña electoral. Por ejemplo, ¿quién ha visto a Andrés Cristo o Edgar Díaz reuniéndose con las comunidades del departamento para buscar soluciones a la enorme cantidad de problemas que nos aquejan? Esto también aplica para demás representantes y senadores de Norte de Santander.

Nunca antes fue tan decisivo votar responsablemente. La recuperación de una región a la que la pandemia dejó todavía más empobrecida, necesitará la gestión de dirigentes comprometidos. En ese caso la cuestión es: ¿Quién servirá si siempre se presentan los mismos?

 

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