La magia del número siete

Jueves, 1 de Abril de 2021
Para empezar diremos que Dios creó el mundo en siete días. En sólo siete días. Entre nosotros para hacer un puente, un puente cualquiera, el gobierno demora años.

El número siete tiene mucha importancia en la vida de los pueblos. Recuerdo que mi mamá les aconsejaba a sus vecinas cuando los hijos le daban mucha guerra: “Deles fuete por el siete”. El siete era el trasero. Era una manera matemática de referirse a las nalgas en vez de decir una palabrota. Nunca se me ocurrió preguntar dónde quedaba el seis o el ocho.

Seguramente mi mamá y las mamás de esa época se familiarizaron con el número siete por las enseñanzas de la iglesia, que en muchas de sus normas utiliza el número 7. Parece que el pueblo judío tenía predilección por este número, predilección que pasó a los cristianos y así  llegó hasta nosotros.

Para empezar diremos que Dios creó el mundo en siete días. En sólo siete días. Entre nosotros para hacer un puente, un puente cualquiera, el gobierno demora años. Y Dios en sólo siete días hizo todo lo que tenía que hacer. Y hasta nos dio vendaje o ñapa: La mujer. Lo más hermoso que al Creador se le ocurrió hacer.

Hablando de plagas, Dios castigó a Egipto con las 7 plagas, porque el Faraón no dejaba salir a los hebreos de su territorio. (Parecido a Maduro, que no deja salir a los venezolanos). El agua se les volvía sangre. Los murciélagos les caían en la sopa. Los zancudos no los dejaban dormir. Las culebras abundaban y no dejaban la cobradera. Las egipcias se volvieron más cantaleteadoras de lo normal. Y en tiempos de pandemia los hombres no podían salir a divertirse. Jodida la vaina.

Los científicos hablan de los siete planetas que giran alrededor del sol, aunque últimamente han venido apareciendo otros. De todas maneras el universo también  sucumbe ante la magia del 7, pues hasta la luna cambia de fase cada siete días, y el arco iris tiene siete colores. 

Los profesores de matemáticas aseguran que según  Pitágoras el 7 es el número por excelencia. En alquimia hablan de los siete metales y hay quienes dicen que la Roma antigua estaba construida sobre siete columnas.

La literatura no se queda atrás. Blanca Nieves, bella y garosa, no se conformó con un solo enanito, ni con dos, ni con tres. Tuvo siete para jugar con ellos.

Astete nos enseñó que los sacramentos son siete y los curas nos metían miedo con aquello de los siete pecados capitales por los cuales los pecadores se iban derechito para la paila gocha, donde es el llanto y el crujir de dientes. Hay que reconocer que en la lista de los pecados capitales hay algunos muy atractivos, y como lo prohibido es causa de apetito, como dicen algunos, son muchos los avaros, los envidiosos, los lujuriosos, los avaros, los soberbios, los gulosos y los perezosos. Nada tan sabroso como echarse uno en la hamaca a hacer pereza o a leer poesía acompañado de una buena compañía. Solamente a hacer pereza, pero el miedo a don Sata nos lo prohíbe.

La vida en ocasiones es difícil, pero los predicadores nos dan contentillo diciendo que después de las siete vacas flacas vendrán las siete vacas gordas.

Y ni siquiera la Semana Santa se ha librado del número siete. Cristo en la cruz dijo  Siete Palabras, que los viernes santos escuchamos en todas las iglesias católicas de todo el mundo. Y como si fuera poco, el almuerzo de hoy,  jueves santo, debe ser algo especial con los siete potajes, siete platos diferentes para estar fortalecidos porque al día siguiente debemos ayunar.  Como quien dice: Ayunemos el viernes pero con la barriga llena desde el jueves. 

gusgomar@hotmail.com