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La nueva política empresarial

Sábado, 29 de Agosto de 2015
Colombia viene sufriendo desde hace algunos años una aguda “enfermedad holandesa”.

La última asamblea de la Andi estuvo rodeada de múltiples informaciones triviales: que si la ministra Cecilia Álvarez le hizo buena o mala cara a Bruce Mc Master; que si hicieron las paces; que si el Presidente estaba disgustado con la Andi o no; que si el video de “compra colombiano” fue oportuno proyectarlo. Y así por el estilo.

Más allá de estas noticias episódicas y en el fondo sin mayor importancia, el hecho realmente significativo pasó desapercibido.

Me refiero al magnifico documento que presentó la Andi titulado ‘Estrategia para una nueva industrialización’, que constituye un decálogo moderno y fresco sobre lo que en el siglo XXI debe entenderse por una política industrial y empresarial.

¿Qué es de destacar de este importante documento?

En primer lugar, la política industrial que allí está bosquejada no es la tradicional que se había predicado en el siglo pasado, según la cual, el gobierno o una alta autoridad señalaba a dedo sectores ganadores y perdedores.

A los primeros los colmaba de subsidios y apoyos mientras a los segundos los dejaba abandonados a su suerte.

Esta no es la visión que surge del documento de la Andi, que reclama políticas públicas en lo tributario, o en la reducción de lo que se denomina “costo país” (tales como el costo de la energía, o el del transporte, por ejemplo), pero para todo el mundo: no para unos sectores privilegiados y para otros no.

El documento, desde luego, comienza por reconocer la profunda crisis por la que ha pasado el sector manufacturero durante la última década.

Un solo dato sirve para ilustrar lo anterior: durante los últimos ocho años el sector industrial solo ha crecido 0,6% promedio año, mientras que el conjunto de la economía lo ha hecho a una tasa del 4,2%.

El documento no pide una política industrial donde se señalen a dedo subsectores ganadores y perdedores. Pero sí reclama una estrategia explícita de industrialización para Colombia.

Una estrategia que nos permita ir haciendo el tránsito del énfasis minero energético que ha caracterizado el desarrollo del país últimamente hacia una economía más diversificada y equilibrada.

El documento resalta lo que ya es una verdad aceptada en todos los círculos académicos: Colombia viene sufriendo desde hace algunos años una aguda “enfermedad holandesa”.

Me pareció de inmensa importancia cómo el documento de la Andi destaca que uno de los subsectores con mayores posibilidades en el país es el de las agro-industrias. Esto permite visualizar un vínculo virtuoso entre lo industrial y lo agrícola-pecuario. Colombia, con su abundancia de tierras y de recursos naturales, puede ser un jugador importante en el comercio internacional a través, precisamente, de productos provenientes del agro, pero con valor agregado, incorporado a través de procesos industriales. Los TLC que recientemente ha suscrito nuestro país con países como Corea, que son importadores netos de alimentos, ofrecen una excelente oportunidad en esta vía.

El documento de la Andi no pide subsidios específicos, pero sí reclama una política tributaria más racional que la que se ha organizado disparatadamente en el país, sobre todo a partir de la reforma tributaria del 2014, que elevó las tarifas empresariales a niveles desmesurados y que, más que recaudos adicionales, están generando desánimo y migración de organizaciones empresariales fuera del país.

Según éste documento, y en base a una encuesta que hizo la Andi entre 253 empresas con ingresos de 125 billones de pesos anuales, la tasa efectiva de tributación empresarial en Colombia alcanza el escalofriante porcentaje de 72,3%; y si se excluyen los parafiscales y los demás pagos de seguridad social, la tributación empresarial anda por niveles del 69,6%.

Con toda razón la Andi vuelve a reclamar una reforma tributaria integral, como lo hizo el año pasado, sin haber sido escuchada por el Gobierno que por fin se está dando cuenta, aunque tardíamente, del profundo error que cometió con la reforma del 2014.

Un buen documento, en síntesis: no para que el gobierno se moleste, sino más bien para que lo lea con sentido auto crítico y constructivo. (Colprensa)