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La paz y la prosperidad se construyen desde las regiones

Sábado, 26 de Junio de 2021
Los diálogos efectivos deben manejarse a nivel regional entre los gobernantes locales y las fuerzas sociales que se encuentran enfrentadas, incluyendo a los estudiantes.  Este mecanismo ha sido utilizado muy bien en nuestro Norte de Santander.

No entiendo cómo, en medio de un paro que tiene al país al borde de la ruina, el Congreso hunda el proyecto de ley que consagraba la matrícula cero para estudiantes de muy bajos recursos en las universidades oficiales. Sin embargo, el presidente anuncia que continúa incólume la política y el compromiso de matrícula cero sin mencionar la ley que se hundió en el Parlamento. 

Pero quizás lo más impactante es que uno de los  congresistas que votó por hundirla explicó su decisión basado en el refrán que dice: “Lo que nada nos cuesta, volvámoslo fiesta”. Para los que siempre han gozado de todos los privilegios, esto es absolutamente cierto y lo confirma el hijo calavera que malgastó su herencia o el deportista o el músico que acumuló una fortuna como resultado de sus logros y luego lo perdió todo en medio de disipación y droga desmedidas. Esto no es lo que les pasa a los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 que han carecido de medios para pagar una matrícula muy baja pero para ellos inalcanzable. 

Por lo menos en esto la ministra de Educación ha venido oyendo a los estudiantes y concertando acciones como el incremento de los aportes para la Universidad pública con un retraso billonario en financiación  y como la misma matrícula cero, que aún así no es suficiente, porque el estudiante que logra  ingresar a la Universidad frecuentemente no tiene recursos suficientes para pagar su subsistencia lejos de casa.  
 
Pero la negociación a nivel nacional no resuelve los problemas locales. El Gobierno debe entender que el país está compuesto de regiones y que estas últimas, a su vez están divididas en subregiones y que cada una de estas regiones tiene una historia común determinada por su propia geografía, sus tradiciones y sus mitos, sus costumbres, sus prácticas religiosas, sus luchas políticas, sus luchas internas, su estructura de clases y su propia práctica económica. 

Por consiguiente, los diálogos efectivos deben manejarse a nivel regional entre los gobernantes locales y las fuerzas sociales que se encuentran enfrentadas, incluyendo a los estudiantes.  Este mecanismo ha sido utilizado muy bien en nuestro Norte de Santander, donde bajo el liderazgo del gobernador Silvano Serrano y los alcaldes de los municipios afectados por los bloqueos, se ha llegado al establecimiento de mesas de diálogo que han permitido levantar el bloqueo de vías y llegar a acuerdos para satisfacer los problemas específicos de las diferentes comunidades que habitan el territorio, presentando un frente unido ante el Gobierno nacional y los entes internacionales.

Cali no es una ciudad homogénea. En los cerros occidentales habitan las clases trabajadoras con mucha dificultad para transportarse a la ciudad y un área muchísimo más grande en el plano occidental: el Distrito de Agua Blanca, habitado por más de un millón de desplazados de la violencia y del hambre de muchas regiones del Pacífico. No es posible pensar en una sola fórmula para resolver los problemas que aquejan a cada una de ellas y para llegar a acuerdos particulares que permitan buscar soluciones. El alcalde le ha apostado a esos diálogos sectoriales.  

Barranquilla tiene un área donde se localiza la mayor parte de los empresarios y comerciantes de mayores ingresos y en otra, al sur, predomina la industria y los trabajadores que viven en los estratos más bajos. Allí la Alcaldía ha logrado acuerdos que han permitido la convivencia pacífica de sus ciudadanos.
 
Podríamos abundar en ejemplos similares, pero el punto fundamental es que la paz y la prosperidad se construyen desde las regiones y no desde el centro. Nuestro departamento es claramente un ejemplo para todo el país de este principio. ¡Mantengámoslo así!