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La protesta de los jóvenes

Sábado, 15 de Mayo de 2021
Cúcuta dio ejemplo de cómo los jóvenes pueden manifestarse ordenada y pacíficamente contra todo aquello que los afecta directa e indirectamente.

Mirando las imágenes de las marchas de las últimas dos semanas difundidas por televisión y la prensa escrita, podemos constatar que la inmensa mayoría de manifestantes son jóvenes que se comportan bien, de manera ordenada, mostrando su protesta con cantos, bailes y presentaciones artísticas en medio de consignas propias de la movilización.

Los desadaptados que promovieron la violencia y su represión ya no son jóvenes. Respondieron al amparo de la oscuridad, cumpliendo órdenes dadas por fuerzas oscuras que corresponde a la Fiscalía y a la Procuraduría investigar imparcialmente, como corresponde en un Estado de derecho. Me temo, sin embargo, que quienes ordenaron la violencia van a pasar, como siempre, sin ser detectados ni castigados.

Cúcuta dio ejemplo de cómo los jóvenes pueden manifestarse ordenada y pacíficamente contra todo aquello que los afecta directa e indirectamente.  En esta ciudad, castigada como ninguna por el desempleo y la informalidad, mantuvieron la cordura porque saben que la violencia no trae sino más violencia.  

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) estima que más de tres de los once millones de jóvenes que componen la población ni trabajan ni estudian.  Y en el caso de nuestra ciudad la proporción es mayor y, según datos del Observatorio Regional del Mercado (ORMET), las únicas actividades en las que no disminuyó, sino que aumentó ligeramente el empleo en el Área Metropolitana fueron: obrero, empleado del Gobierno, jornalero y peón.  La pregunta que queda ante tal panorama es ¿qué futuro avizora un joven en Colombia?
  
El Gobierno se comprometió con los universitarios a matrícula cero para los estratos 1, 2 y 3.  Pero, aún si no se paga matrícula en las universidades oficiales, ¿cómo puede rendir un joven en la universidad si no tiene con qué comer para satisfacer sus necesidades energéticas básicas?  Es decir, el programa tiene que ir más allá de la matrícula y asegurar su sostenimiento como ocurre en otras sociedades. Y ¿qué pasa con los estudiantes de universidades privadas cuyas matrículas, por bajas que sean en nuestra Cúcuta, significan una porción significativa de los ingresos del estudiante y de su familia? Si se pierde el empleo, no tienen como continuar su educación, única esperanza para salir de la pobreza extrema.  El arquetipo social tiene que cambiar.  De lo contrario, como lo prevé la CEPAL, la inequidad medida con el índice de Gini se incrementará.  

La Academia Colombiana de Economía en su más reciente comunicado dice: "La crisis es el resultado de la frustración y la ira contenidas de largo tiempo atrás, al no disponer la sociedad civil y los sectores populares de espacios institucionalizados y eficaces de concertación para expresarse sobre los proyectos gubernamentales en materias fundamentales para el desarrollo nacional, sobre todo, en lo atinente a empleo e ingresos y, desde luego, agudizadas por la pandemia y su manejo por parte del Gobierno. La concertación del salario mínimo ha sido ineficaz, así como la concertación de las políticas sociales y laborales establecidas en la Constitución de 1991”.

Sobra decir que la única manera de cambio es la generación de empleo que va de la mano de la creación de industria y de la educación, para llenar con eficiencia los puestos de trabajo que se creen. En esto el Gobierno, los dueños del capital y las universidades deben ir de la mano. Hemos perdido casi un siglo manteniendo el mismo arquetipo socioeconómico y objetivamente podemos decir que no solo fracasó sino que profundizó la brecha entre los pocos dueños de los medios de producción, de los empleados y la clase media en general y los que nunca han tenido sino la posibilidad de la servidumbre. Si no actuamos ahora para beneficio de todos y sin violencia, los hechos nos desbordarán.  Y entonces será demasiado tarde.