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La tristeza de Bolívar y Santander

Domingo, 10 de Octubre de 2021
El daño que le ha hecho el presidente Duque a esta zona de frontera pareciera que fuera una cuenta de cobro atrasada por no haber votado por su elección.

El presidente está desinformado, alguien debería recordarle a Duque que esta región fue la que más votó por él en las elecciones. Seguramente en 200 años de historia no ha podido ser más torpe de parte de un mandatario colombiano en el manejo de las relaciones bilaterales con Venezuela como el actual: salir a reconocer en este momento a Guaidó como presidente, en un momento histórico sin igual, es un acto de torpeza infinita del presidente Duque. El precio que hemos pagado la gente de frontera es muy alto por este desacierto. Que lamentable que sea precisamente el presidente uno de los pocos colombianos que aún no ha entendido que gústenos o no, sea o no un dictador, que Maduro va para rato. 

En Villa del Rosario se hizo un gran evento para celebrar el momento en que nació la Gran Colombia como naciones hermanas, unidas. A pesar de los varios actos históricos y culturales que se hicieron en la conmemoración, que paradoja que los que deben estar tristes son Bolívar y Santander quienes no podrían imaginar que doscientos años después, después de su lucha y sufrimientos, Colombia y Venezuela hayan llegado a esa celebración con la frontera cerrada, con más de 40  trochas criminalizadas y que para que pudiera hacerse la conmemoración hubiere sido necesario militarizar la ciudad, llenar a Cúcuta y Villa del Rosario de drones por todos los lados, de carros blindados, de escoltas como si estuviéramos próximos a la crisis de los misiles en Estados Unidos a comienzos de los años 60.

Hace 200 años la Gran Colombia también se diluyó, precisamente con la frustrada Convención de Ocaña en 1828, cuando la celebración de aquella se esperaba fuera el fortalecimiento de esa unión de naciones, terminó convirtiéndose en la enemistad entre los dos próceres. Por ello, a los pocos días, cuando sobrevino la conspiración septembrina, Bolívar, humillado, que logró escaparse incluso colocándose a última hora los zapatos de Manuelita, debajo del puente, acompañado de un miembro de su guardia personal, recordaba su encuentro con el General San Martín en 1822 en Guayaquil, quien le había dicho que la deslealtad de la gente de estas naciones era muy grande y por ello él tomaba de la decisión de liberar a Argentina, y después regresaba a Europa a pasar mejores días. Eso hizo San Martín, y por ello Bolívar solo y derrotado, en ese momento creía quien se había equivocado era él.

El presidente Duque tuvo la oportunidad da haber propiciado algún nivel de acercamiento en las relaciones diplomáticas con Venezuela. Por ejemplo, habría podido propiciar un encuentro en Villa del Rosario entre los cancilleres de Colombia y Venezuela para restablecer esas deterioradas relaciones. Ese habría sido un gesto histórico, el mejor homenaje a Bolívar y Santander, acorde con el bicentenario, propio del momento. Pero no, la torpeza de Duque se impuso, decidió invitar al representante de Guaidó, en quien ya no cree nadie de la comunidad internacional, ni siquiera creen en él en Venezuela. Lo que hizo Duque fue tomar el camino de las trochas. Le faltó al presidente, era de esperarse, grandeza histórica. No entendió el momento que representaba el Bicentenario y decidió como lo diría Vargas Llosa en la “Civilización del espectáculo”, lo que hizo fue un show. Se perdió una oportunidad.

Y mañana regresan Cúcuta y Villa del Rosario a la realidad. De 10 trabajadores en esta zona, según el Dane, 7 son informales. Mientras tanto seguirán las trochas, la inseguridad, el desempleo, y mucha gente repasando los libros de historia pensando que Bolívar y Santander a sus 200 años de lucha merecían un mejor homenaje, y no la salida en falso del presidente Duque quien acompañado del representante de Guaidó, hicieron un guion que no da ni para una telenovela.  

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