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La vulgaridad en la campaña republicana

Sábado, 28 de Noviembre de 2015
El estilo de Trump parece seducir a muchos de sus seguidores, quienes alaban lo que califican como autenticidad y franqueza.

El establecimiento republicano calculaba que el fenómeno de Donald Trump como candidato  se disiparía con el paso del verano. Estaban equivocados.  El otoño ya se ha instalado plenamente en los Estados Unidos y el bufón sigue campante. No sólo continúa en el primer lugar de las encuestas, sino que su costumbre de salpicar sus discursos y entrevistas con malas palabras, insultos y mentiras ha influenciado a varios de sus contrincantes en las primarias.  En un artículo publicado el sábado, el New York Times lamenta que los estallidos vulgares de Trump estén influenciando el tono general de la campaña.

Más aún, el estilo de Trump parece seducir a muchos de sus seguidores, quienes alaban lo que califican como autenticidad y franqueza. Consideran una virtud que exprese lo que piensa y que no siga un libreto de lo que, hasta ahora, se consideraba lo “políticamente correcto”. Por supuesto, “la autenticidad” de Trump, no sólo ha sido tan “libreteada” como sus programas de televisión, sino, con la mayor probabilidad, sometida a examen previo entre probables votantes. Le ha permitido destacarse entre tantos candidatos y tener una presencia permanente en la televisión, sin invertir en publicidad política. Todos los canales informativos siguen sus pasos y discursos, para informar diariamente sobre las últimas barbaridades del empresario-candidato.

Las dos palabras favoritas de Trump parecen ser m..., en sus acepciones más vulgares, y trasero, escrito con c... Su solución para derrotar a los extremistas islámicos es sacarles la m... a punta de bombazos. En una manifestación reciente le dijo a los presentes que podían apostar su c... a que, como Presidente, el reviviría la “técnica de interrogatorios” consistente en casi ahogar al prisionero. Las dos palabras ya han comenzado a aparecer en el lenguaje de algunos de sus competidores en el partido republicano.

En lo que se refiere a las mentiras que dice sin ruborizarse o corregirse posteriormente, la última fue la de que el 11 de septiembre había visto a miles de musulmanes celebrar el ataque y la caída de las Torres Gemelas en Nueva York. Citó como fuente a un reconocido periodista, quien de inmediato puso de presente la falta de veracidad de Trump. ¡Quién dijo miedo! No le bastó con insultarlo. Se burló de su condición física, fruto de una enfermedad que dificulta la movilidad de sus extremidades, imitando sus movimientos ante las cámaras de la televisión. Es posible que, en esta oportunidad, Trump haya traspasado los límites de lo que sus seguidores consideran aceptable.

La mayor parte de sus rivales, al comienzo de esta contienda, evitaron criticar o atacar a Trump para no despertar su ira y sus violentas respuestas. Parecían tenerle miedo. A pesar de esa pasividad, no pudieron evitar sus ataques: sobre Carly Fiorina afirmó que, con esa cara tan fea, quién la iba a elegir.  La amistad entre Jeb Bush y Marco Rubio la calificó como m... política. En el primer debate televisivo provocó a Jeb diciendo que el gobierno de su hermano había sido un desastre. Como consecuencia de lo anterior, este último reaccionó y ha sido uno de los pocos en atacar de frente a Trump, declarando lo obvio: que no tiene las cualidades ni calidades necesarias para ser Presidente.

A pesar de lo anterior, si las primarias se celebraran ahora, Trump sería el candidato seleccionado. El promedio de las encuestas nacionales de los últimos quince días le da una ventaja de casi 8 puntos con respecto al cirujano Ben Carson, quien le sigue en favorabilidad. Lo anterior tiene al establecimiento republicano a punto de un ataque de nervios. Ya se escuchan voces que invitan a Mitt Romney, derrotado por Obama en las últimas elecciones, a que se lance de nuevo al ruedo. En el año que falta para las elecciones, mucha agua correrá bajo los puentes de la política.