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Las frases cortas

Viernes, 19 de Noviembre de 2021
Cualquier escrito, incluso técnico o científico, resulta ameno y fácil de leer y de comprender, cuando se tiene el cuidado de presentar la idea en una oración principal en pocas palabras.

Antiguamente se usaban los párrafos larguísimos, que lo hacían a uno contener el aliento esperando pronto la terminación.

En eso se incurre principalmente cuando se abusa de las perífrasis – o rodeos verbales -, por medio de una sarta de oraciones explicativas. El ejemplo estelar de tales frases interminables es el conocido lenguaje cantinflesco. En éste, las explicaciones se suceden ad infinitum, con el peligro de que el orador o escritor se pierda en la verborrea y no encuentre la salida, y por tanto no acierte a dar a comprender lo sustancial. 

Cualquier escrito, incluso técnico o científico, resulta ameno y fácil de leer y de comprender, cuando se tiene el cuidado de presentar la idea en una oración principal en pocas palabras. El desarrollo de la idea implica una oración adjetiva, o complementaria, o explicativa, también corta. 

La oración principal, enseñan los gramáticos, es la que presenta la idea nuclear; no puede eliminarse; tiene independencia sintáctica y pleno sentido por sí misma; contiene el verbo conjugado que rige a todos los demás; y no posee un nexo que le preceda. 

A su turno, la oración subordinada es la que amplía la idea presentada en la cláusula principal; puede ser eliminada sin cambiar la idea principal; no tiene independencia sintáctica y cumple la función de modificador; y no tiene pleno sentido por sí sola. Se trata de la misma oración explicativa, o aposición explicativa, o suboración adjetiva. 

Ejemplo sencillo de una y otra: “Subí a la calle 17, que es muy amplia y bien pavimentada, y desde allí contemplé la ciudad”. La oración principal bien pudiera quedar - y ser entendida - solamente así: “Subí a la calle 17 y desde allí contemplé la ciudad”.  El resto es la oración subordinada: “que es muy amplia y bien pavimentada”. 

 La fórmula que presenta el maestro Fernando Ávila, que tomo de su columna habitual en Ámbito Jurídico, me parece fenomenal. Es la regla que él llama 18/54. Dice este erudito: “Es recomendable que, en un párrafo de cinco renglones, aproximadamente 54 palabras, haya unas tres frases, ojalá una larga, una corta y una larga, cuyo promedio de extensión sea, entonces, de 18 palabras. Es un ideal, no una forma ineludible. 

“Obsérvelo en el siguiente ejemplo:

“En su comunicación del pasado 15 de agosto solicita usted que sus ahorros se reinviertan preferiblemente en hoteles, hidrocarburos y zonas francas. La Fiducia ya lo hizo. Tal como usted lo puede ver en los anexos, su capital fue distribuido en fondos de inversión Hilton, acciones de Ecopetrol y bodegas en Mosquera y Tabio”. 

“Se trata de un párrafo de 54 palabras, con tres frases, una larga (22), una corta (5) y una larga (27), lo que da un promedio de 18 palabras por frase. Este párrafo es fácil de leer y transmite una idea precisa. Es la fórmula 18/54. Un recurso útil para redactar de manera concisa y clara”. 
    
orlandoclavijotorrado@yahoo.es
 

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