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Leonor Gómez de Villamizar

Domingo, 3 de Abril de 2022
Muchos recuerdos y enseñanzas que marcaron su vida.

Me ha costado mucho trabajo iniciar este artículo periodístico porque acontecimientos luctuosos como la muerte de Leonor de Villamizar nos hacen esquivas las palabras, y las ideas se confunden en un desordenado desfile de recuerdos.

Desde un tiempo para acá manteníamos habituales conversaciones a través del teléfono porque el confinamiento nos distanció inevitablemente. Era un ejercicio enriquecedor porque ella siempre tenía observaciones inteligentes, recordaba anécdotas familiares desconocidas para mí y, sobre todo, refería el libro que tenía entre manos para aconsejar su lectura.

Había llegado a una edad avanzada, pero conservaba intacta la lucidez de su mente y a flor de piel su sentido del humor. Pocas veces se tiene la fortuna de compartir el tiempo de manera tan grata y útil, y casualmente la pandemia del Coronavirus nos dio la oportunidad de esa comunicación virtual que en medio del tedio y los temores fue un medio que facilitó el encuentro.

Leonor fue una mujer de su hogar. Perteneció a la generación en la que el hombre tenía mayor protagonismo, y la esposa debía estar más al frente de sus hijos y de la marcha de su casa. Pero ella no se encasilló en los simples oficios domésticos sino que con un carácter suave pero firme se aficionó a la lectura de diversos géneros en los que no faltó la filosofía y la teología.

Me contaba que su bachillerato lo hizo interna en Bogotá en el Colegio San Fason de las hermanas dominicas de la Presentación, donde se recibían clases de los profesores más sobresalientes de la Capital. De esa época conservaba muchos recuerdos y enseñanzas que marcaron su vida.

Esta nota de prensa parece el segundo capítulo de un libro doloroso, porque hace varios meses escribí sobre el fallecimiento del gran médico Hernando Villamizar Flórez con quien Leonor compartió su matrimonio toda la vida. Es como cerrar la historia de una época que ellos llenaron con su generosidad, con su vocación de servicio, con su fineza.

En esta alocada carrera que vivimos se va perdiendo la memoria de nuestra región, que ha superado enormes dificultades gracias al esfuerzo de sus habitantes que por generaciones construyeron las bases del progreso conseguido.

Hoy no se mencionan sino las carencias que persisten, los defectos que padecemos y el caos que han introducido elementos foráneos que, sin arraigo en nuestra tierra, se han apoderado de ella para enriquecerse con el delito.

Figuras como Hernando Villamizar Flórez, quien ejerció la medicina en bien de la comunidad más necesitada, y Leonor con su apoyo permanente deben ser recordados como ejemplo de civismo y honorabilidad que son las bases para que la corrupción se erradique de nuestra sociedad.

ramirezperez2000@yahoo.com.mx

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