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Ligia Echeverría V.

Miércoles, 9 de Marzo de 2016
Ligia era un emblema de la mujer conservadora, aguerrida y perseverante

Tenía Ligia la virtud de dar órdenes con la sonrisa, de regañar conservadores inconformes con un elogio y castigar con el silencio. Tres circunstancias que padecí en la militancia azul, que ella duplicaba con su compañera inseparable de similares inquietudes: Rosita Molina de Figueredo.  

El partido y sus campañas, la Asociación de Ciudadanas de Colombia, las damas de todos los colores, las devociones marianas de la Iglesia Católica y sus nostalgias periodísticas, al final habían doblegado su férrea voluntad de servicio. Ligia tomaba todas sus causas con tozudez hasta imponerlas como con guante de cabritilla.  Yo recibí unas tres órdenes que cumplí religiosamente a sabiendas de la calidad y honestidad de las personas que me recomendaba.

Alguna en la Universidad Libre, otra en el Ministerio de Hacienda y una última en la Auditoría General de la República. Padecí muchos de sus regaños conservadores aliñados con la franqueza y los estrujones familiares de Rosa Molina de Figueredo, que en últimas llevaba las quejas a mi madre. Y padecía sus silencios cada vez que me rebelaba a las que ella llamaba autoridades del partido.

Me libré de sus reprimendas de mi última escaramuza en la que me doblegó el fallo del Consejo de Estado, por su ausencia del escenario político del debate electoral pasado, causado por el deterioro de su salud. Esa era Ligia, una correligionaria indomable.

Dos o tres  veces conversamos sobre la crisis del Diario de la Frontera, que de manera inverosímil fue como una premonición de la medianía que se tomó al Partido Conservador Nortesantandereano.

Siempre trató de salvarlo y de pronto se quedó sola, con Dios y la virgen, como ella confesaba su fe ciega de mariana. El partido sin el Diario de la Frontera, quedó como las fragatas Emilio Salgari, después de las tormentas del caribe; con cañones y sin pólvora, con las velas rasgadas y la tripulación desmoralizada y un tanto despavorida.      

Ligia era un emblema de la mujer conservadora, aguerrida y perseverante, que siempre tuvo representación en las posiciones públicas, en la representación parlamentaria, en la diputación departamental y en los concejos municipales, por oposición a la situación actual en la que ha sido destituida, por un machismo ramplón, ignorante, inepto, doblegado, subsistiendo al soplo de los vientos.

Adiós Ligia, sus amigos preservamos su memoria, que no quedará abandonada, como la de otros grandes de partido, en el abominable parquecito de “Los Naranjos”.

Adenda: La paz es una partida de ajedrez, con la firma del tratado de La Habana, solo estamos en la apertura: ¿P4R?