Los bustos también hablan

Martes, 11 de Mayo de 2021
Permítaseme rendir un tributo de admiración y gratitud a los escultores, algunos desconocidos, que dedican su vida a hacer estatuas de cemento, de arcilla, de bronce, de hierro, de piedra, de madera…en fin.

Los bustos no son sólo para mirarlos y admirarlos y hasta acariciarlos. No señor. También hay que escucharlos, saberlos escuchar, porque los bustos hablan. Pero su lenguaje es silencioso, sin palabras. 

Hay bustos bonitos, agradables, bien hechos. Hay otros no tan bonitos, ni tan agradables, ni tan bien hechos. Pero de alguna manera tienen su encanto.

Hay bustos muy bien levantados, que resisten la tempestad y los malos tratos, airosos, que parecen gritar a los cuatro vientos: Aquí estoy. Éste soy yo. Y son hasta atrevidos, desafiantes. Pero también hay bustos caídos, que no hablan, indefensos, solitarios. Apabullados. Tatuados. Humillados. Casi que derrotados Bustos que inspiran lástima, deteriorados por el tiempo y el uso y el abuso.            

A raíz de mi reciente artículo sobre las estatuas,  hubo reacciones a favor y en contra. Alguien me dijo que  había faltado Virgilio Barco Vargas, el ex presidente, cuya estatua vigila una de las entradas a Cúcuta. Le expliqué que ahora que nos recortaron la extensión de las columnas, (“Usted habla mucha cháchara- me dijo el que manda-. Mérmele. Que su columna no se pase de 600 palabras”), no podía hablar de todos y de todas, como era mi intención. Además, nuestro paisano Virgilio era tatareto al hablar, lo cual hacía muy lenta una charla, y difícil la comprensión de algunas palabras. Por eso muchos no entendieron su obra de gobierno.                                  

Una amiga fue más frentera. Con cierto tonito de cucuteña airada me dijo: “¿Es que a usted ahora no le gustan los bustos?”

-¿Y esa joda? –le contesté.

-Pues parece, porque en su columna habló sólo de estatuas y no mencionó los bustos, que también los hay en la ciudad y muy buenos.

-Dígamelo a mí. Y le mencioné el busto de Antonia Santos en el parquecito abandonado frente a la antigua Cárcel Modelo; el busto de Camilo Daza, en el aeropuerto, que lleva su nombre; el del Libertador Simón Bolívar, en el patio de la alcaldía; el del general Santander, en la Academia de Historia de Norte de Santander, y muchos otros que hay regados por rincones y patios y colegios de la ciudad.

En el fondo me gustaron sus reclamos, porque quiere decir que uno también tiene sus lectores y porque se ve que a la gente le interesa nuestra historia representada en bustos y estatuas de nuestros próceres y gente importante.

En este sentido permítaseme rendir un tributo de admiración y gratitud a los escultores, algunos desconocidos, que dedican su vida a hacer estatuas de cemento, de arcilla, de bronce, de hierro, de piedra, de madera…en fin. Gracias a ellos, podemos imaginarnos cómo eran los grandes personajes de la historia. Algunos escultores son famosos. Otros pasan desapercibidos.

Pero veníamos hablando de bustos. Y hablar con ellos es placentero. Nada más grato sería charlar un rato con el busto de  Francisco de Paula Santander y que nos contara algunas cosas de nuestra historia patria y uno que otro chisme, como el de las Ibáñez, las hermosas ocañeras, que dizque tuvieron sus enredos fascinantes con los dos más grandes próceres de nuestra independencia. O que nos contara cómo fue el incidente con otro personaje que le arrastraba el ala a su amiguita, y al que de celos iba a lanzar por una ventana. 

O hablar con el busto de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, y nos contara muchas de sus aventuras de lecho y de hamaca. O escuchar de sus labios de cemento aquella famosa frase: Los tres más grandes pendejos y locos de la historia hemos sido Jesucristo, don Quijote y yo.

gusgomar@hotmail.com