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Los golpes de la muerte

Sábado, 30 de Julio de 2016
Es el acecho criminal a que lleva esa letal levadura del odio. Es la fuerza irracional que impone la desmedida pasión de matar. 

No es que los hechos se den conforme a un destino predeterminado. Tampoco son “los designios de Dios”, como piensan algunos. Tal vez mejor lo sentenció César Vallejo en  su poema Los heraldos negros: 

“Hay golpes en la vida tan fuertes. ¡Yo no se! Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”.

Es el acecho criminal a que lleva esa letal levadura del odio. Es la fuerza irracional que impone la desmedida pasión de matar. Es una confusión de sentimientos que muchas veces no tiene explicación.

El crimen  que hace un año  cegó la existencia de Pedro Cuadro Herrera es una de esas acciones a que se aferra  la envenenada condición humana. Así se silenció una voz que descifraba sueños o que trazaba rumbos, o que le ponía luz y sonido a la vida para sustraerla de punzantes laberintos. Pedro Cuadro Herrera era un poeta con fervor por la vida. Siempre tuvo el sentido diáfano de todo lo que hacía. Cuando conversaba con sus amigos o enseñaba a sus alumnos. Cuando opinaba en la cotidianidad de sus relaciones con la gente. Cuando llevaba sus vivencias a la escritura o celebraba algún acontecimiento personal o generalizado.

La conversación con él tenía un tono amistoso, a veces de recordación, también de participación o disertación adobada de ideas. Se emocionaba hablando de su nativa Cartagena, de los libros que leía, de los proyectos que proponía para ampliar la enseñanza de lenguas extrajeras. En el desempeño de la rectoría del Instituto Nacional de Comercio su dedicación a la búsqueda de la mayor calidad de la enseñanza fue constante. También dio pruebas de su puntualidad y conocimientos cuando se vinculó a La Opinión como corrector de estilo. Fueron valiosos sus aportes al personal de la redacción en gramática y en general las reglas para la buena escritura. Dejó Pedro Cuadros un buen legado como escritor, lingüista y docente. Activo y actualizado en conocimientos enseñó sus saberes sin egoísmo y no cayó en posturas banales. Fue sencillo,  auténtico y receptivo, además le la decencia que lo distinguió siempre.  

La publicación de su poemario “La lluvia se ha vestido de mujer” le generó satisfacciones. Y tuvo reconocimientos. Yo le escribí  sobre el mismo estas líneas: La creación literaria imprime talento y conocimiento. Y no es necesariamente el fruto de un cierto repentismo de la inspiración. La obra poética de Pedro Cuadro Herrera es parte de su formación intelectual y de la fluidez de sus vivencias que se convierten en una  cotidianidad de expresiones propias de su personalidad. “La lluvia se ha vestido de mujer” representa un repertorio de afectos y desencuentros  en un tono representativo de la estética de la palabra. Es la poesía en un contexto humano, donde el sentimiento del afecto y el fervor de la visión sobre los elementos en que se soporta la existencia, son imprescindibles”.

Pedro Cuadro Herrera fue víctima de la  alevosía de los criminales. Sin embargo, no se borra su huella de creador literario y de maestro que alumbró la vida con sus saberes. Enseñó a pensar y a entender el mundo.

(Discurso en la conmemoración del primer aniversario del asesinato de Pedro Cuadro Herrera.  Julio 6-2016)