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Maduro y el fútbol en Cúcuta

Lunes, 23 de Noviembre de 2015
Lo que quiere decir que no todo los Maduros son malos. Ni todos los venezolanos son malos. 

Son varias las cosas que los cucuteños debemos agradecerle a Maduro. Y entre todas, el deporte, en especial el fútbol, que tiene una deuda de gratitud con Maduro, y en cuyo honor debiéramos levantar un monumento para que las generaciones venideras recuerden el bien que nos hizo a los deportistas.

Y digo nos hizo, porque yo también me considero deportista. Jugué fútbol, en la escuela con una pelota de letras, y en el colegio, con balones de verdad. Me retiré del fútbol, como lo conté alguna vez, por un malhadado autogol que hice y que le costó a mi curso la pérdida del campeonato interclases

Colgué los guayos, pero sigo interesado en las cosas del fútbol: Visto la camiseta amarilla cada vez que juega Colombia; sufro con mis hijos con las goleadas que le pegan al Real Madrid; voy a nuestros tierreros, habilitados como canchas, a ver jugar a nuestros muchachos, futuros campeones del balompié colombiano, y durante mucho tiempo fui al General Santander a ver ganar a nuestro glorioso Cúcuta Deportivo.

Cuando empezó a perder, dejé de ir al estadio, no por falta de solidaridad, sino porque las derrotas me deprimen y el médico me tiene prohibidas las emociones negativas porque se me sube el azúcar.

Pero la verdad es que, si no hubiera sido por Maduro, aquí no jugaríamos fútbol, ni tendríamos Cúcuta Deportivo, ni tendríamos estadio. Algo más. O mucho más: A Colombia llegó el fútbol, gracias a Maduro.

Lo que quiere decir que no todo los Maduros son malos. Ni todos los venezolanos son malos. Gracias a Dios.

La historia es como sigue: Allá por los años de 1913, llegaron a Cúcuta el cubano Federico Williams y el venezolano David Maduro. 

Venían de Centroamérica, donde ya se jugaba el fútbol, y ellos lo jugaban. 

Lo que hoy es el Parque Nacional (o de la Bola, popularmente) era una plazoleta de tierra donde se hacían las corridas de toros y las riñas de gallos, en las llamadas Fiestas julianas. 

Maduro y Willimas empezaron allí a enseñar a los muchachos cucuteños este nuevo deporte, que consistía en darle pata a una pelota y meterle goles al otro equipo. 

Los muchachos se afiebraron al juego, y de aquí se extendió al interior del país.

De modo que puede decirse que, a Colombia llegó el fútbol, por Cúcuta, y que Cúcuta fue la primera ciudad de Colombia donde se jugó este atractivo, apasionante y afiebrador deporte.

Allí en esa plazoleta nació el Cúcuta Deportivo, y allí se preparó el representativo de Norte de Santander que participó en los Juegos Nacionales de Cali en 1928. Los colores rojinegro se hicieron emblemáticos nuestros, desde entonces. 

Por todo eso y mucho más, es por lo que yo soy agradecido con Maduro, el bueno, e invito a todos los cucuteños a que hablemos de él con cariño.

No importa que el Cúcuta esté ahora en la B, porque perdió el camino del gol. 

Algún día volveremos a encontrarlo, y ahí sí, que se tengan de atrás nuestros contrincantes porque volveremos para alzarnos con una nueva estrella. 

Desde el otro lado, Maduro nos ayudará. El otro Maduro.