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Memoria de los sueños…

Lunes, 28 de Febrero de 2022
Los sueños son prueba irrefutable de que el infinito existe,

Los sueños diluyen las fronteras de la razón, para penetrar por aquellas rendijas sagradas del subconsciente, soltar sus amarras, e ir a lo que está más allá de la memoria, en una función restauradora de las grietas del alma.

Y nos dan alas de arreboles y de auroras que se curvan alrededor de un momento soñador mágico, breve o alargado, como obligando a la eternidad a enseñarnos que no hay distancias, ni tiempos, sino imposibles posibles.

Su esencia es incógnita, porque vienen de allá, o de acá, y tienen la potestad de originar un desorden que revoluciona -para bien o para mal-, las redes de nuestros sentimientos, sin objeciones, porque son ineludibles.

En su fantasía traen cosas y personas que nos hacen pensar que son del pasado, pero son parte de la astucia del destino para retarnos -hacia el porvenir- con un secreto inédito y particular del tiempo.

En torno a su redención liberamos los recuerdos reprimidos, las miserias humanas, y conocemos el virtuosismo de un milagro renovador e incondicional que, -en la mayoría de los casos-, ocurre sin vigencias ni pretextos.

Cuando son buenos, recogen la placidez íntima de valorar la grandeza de nuestros actos y protegen al niño que hay adentro de cada quien y, cuando son malos, descargan la turbidez animal que aún yace amenazante.

Los sueños son prueba irrefutable de que el infinito existe, es subjetivo y únicamente intuido, y que superan lo mortal con esa perplejidad bonita que, al despertar, surge con la inspiración sobrenatural de las ilusiones.

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