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Migración, pobreza y persecución

Lunes, 27 de Septiembre de 2021
De este inmenso número de migrantes, además de los colombianos que se han visto obligados a retornar a su país, algo así como 2 millones de venezolanos han permanecido en Colombia generando una presión por fuentes de trabajo.

 

El mundo, o al menos occidente aún no se repone de la debacle afgana y de todo lo ocurrido en su territorio, no solo en los últimos 20 años de ocupación norteamericana, sino también por lo ocurrido allí durante la ocupación rusa inmediatamente anterior.  Ahora, ya se empieza a hablar de la influencia china sobre Kabul, cuestión sobre la que hay muy poca claridad, pero es de suponer que los líderes de Beijing deben estar analizando con atención y cuidado si aproximarse a los talibanes es tan provechoso como algunos pudieran creer.

Esta y otras situaciones hacen que sucesos relacionados con procesos migratorios masivos pasen casi de soslayo.  Se sigue produciendo un flujo poblacional del norte de África hacia Europa de proporciones no menores.  Hace ya más de un lustro, el presidente Obama anuncio un plan de asistencia económica para los países del triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras), con el claro propósito de evitar el creciente flujo migratorio de los más pobres entre los pobres de esos tres países.  

Durante el mandato del ultraconservador Donald Trump se implementó una política abiertamente de fronteras cerradas, llegándose incluso a iniciar la construcción del muro divisorio con México.  Así, se inició una política de doble estándar que no ha cesado hasta ahora, porque mientras las fronteras norteamericanas se abren para dar refugio a un creciente número de mujeres y hombres afganos, todos los días son expulsados o no son autorizados a ingresar a los Estados Unidos, miles y miles de centroamericanos y en este último tiempo haitianos que llevan años deambulando entre un país y otro de este continente.

Y he guardado para el final el dramático y espeluznante cuadro producido por la masiva migración de ciudadanos venezolanos que han debido salir de su país a causa de la emergencia humanitaria existente.  Se habla que han emigrado más de 6 millones de venezolanos, algo así como el 20% de su población, fenómeno de movilidad humana que según Naciones Unidas es el segundo del mundo después del caso sirio, pero que podría ser el primero si se suman los algo más de 500 mil colombianos residentes en Venezuela que han retornado a Colombia en el mismo período.  

De este inmenso número de migrantes, además de los colombianos que se han visto obligados a retornar a su país, algo así como 2 millones de venezolanos han permanecido en Colombia generando una presión por fuentes de trabajo de magnitud muy grande, generándose además fenómenos humanos de muy alta complejidad.  Hacia Estados Unidos y Europa han migrado un número cercano al millón de venezolanos, 400 mil están asentados en Ecuador, del orden de 500 mil en Perú, 600 mil en Chile y, entre Argentina, Uruguay y Brasil, un número que sobrepasa los 500 mil.  De allí que sea tan relevante que en la mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición venezolanos que se adelanta con los auspicios de los gobiernos mexicano y noruego en Ciudad de México se incluya esta temática, que al decir de los entendidos no es de solución rápida ni de corto plazo, dado que su eventual adecuación tiene ribetes que se topan con la persecución política y con un frente para evitar y/o evadir la pobreza extrema.

Xenofobia, discriminación y todo tipo de abusos y de excesos se producen en este tipo de sucesos, viéndose perjudicadas particularmente las mujeres, niñas y jóvenes a la vez que miles de criaturas que no tienen responsabilidad ninguna en estas crisis que se originan en disputas políticas y que terminan afectando a la población civil más pobre.