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Monólogo del alambre de púas

Lunes, 7 de Septiembre de 2015
Monólogo del alambre de púas.

Monólogo del alambre de púas

Yo no tengo la culpa de ser como soy.

Así me hicieron y así me quedé: hiriente, odioso, enemigo de todos, divisionista, camorrero y aliado de los poderosos.

En el comienzo yo no existía.

 En el paraíso no había cerca de alambres de púas por la sencilla razón de que era el paraíso, y no había necesidad de separar nada de nadie.

Pero apareció Caín sobre la tierra, lleno de maldad, de envidia y de rencores, y empezó a quitarle a Abel las cosechas y el ganado.

Y para que Abel, justo entre los justos, no pudiera meterse a reclamar lo suyo, se ideó las cercas conmigo, es decir, con alambre de púas.

Desde entonces, me da tristeza reconocerlo, yo he sido utilizado como señal de atropellos, violaciones y persecuciones de todo tipo.

No sólo me utilizan para separar propiedades y evitar que los animales pasen de una parte a otra, lo cual constituye una acción legítima.

También me utilizan como muros de infamia para separar hermanos y destruir familias.

Ese soy yo. Malo como el corazón de los que me utilizan. Perverso como el alma de mis señores. Amenazante como la mano del enemigo.

La historia me registra como un instrumento de los gobernantes temerosos.

Aquellos que están a punto de caer y piensan que encerrándose con púas nadie los tocará y pueden perpetuarse en el poder.

Aquellos dictadores que creen que cercándose, nadie se enterará de los atropellos e iniquidades que cometen.

O los que le echan la culpa de sus fracasos gubernamentales al pueblo y lo persiguen y lo maltratan y lo expulsan.

Y ponen alambradas para que no regresen.

El diccionario debiera definirme como instrumento malévolo del poder, como el fusil y las mazmorras.

Donde estoy yo queda el infierno.

Porque en el cielo no hay alambradas de púas.

En el cielo todo es alegría y abrazos y canciones y oraciones.

En el infierno todo es amargura, desolación y espanto. Y cercas de alambre de púas.

Por eso el que en la tierra se protege con alambre de púas, es el mismísimo diablo.

Yo soy señal de condenación eterna.

Yo doy la señal de “alto”, y nadie se atreve a desobedecerme.

Porque ahí están mis púas que cortan, hieren e intimidan.

Mi contrario es el alambre blandengue, lambón, ese que llaman alambre dulce.

Pero al alambre dulce nadie le tiene miedo. Por eso no hacen cercas de infamia con alambre dulce.

Las hacen con alambre de púas para infundir miedo, para expresar odio, para señalizar equivocaciones.

Una cosa he aprendido de mis experiencias:
   
Cuando un gobernante usa alambre de púas para defenderse, es porque se acerca su fin.

Cuando un dictador se encierra con alambre de púas, nos cargó el patas: Yo me iré al basurero y el dictador a la derrota.

Yo, el alambre de púas, soy ave de mal agüero.