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Ni risitas ni compinchería

Martes, 6 de Septiembre de 2022
Restablecer las relaciones representa revitalizar el comercio fronterizo

En campaña fuimos muchos los que advertimos sobre las caóticas consecuencias que podía generar un triunfo de Petro; y hoy, lo estamos padeciendo.

El manejo de las relaciones diplomáticas es realmente alarmante. Y no lo digo por el hecho de restablecerlas con gobiernos autoritarios, puesto que la hipocresía internacional frente a este tema es total; todos los países tienen relaciones, de una forma u otra, con regímenes donde se violan los derechos humanos, conllevando a que los gobernantes ilegítimos se atornillen al poder, incluso habiendo asesinado, secuestrado o encarcelando injustamente a líderes de la oposición.

Teniendo en cuenta esta realidad, lo que debe primar en el relacionamiento con los demás países son los intereses estratégicos, y no las posiciones ideológicas o personales.

En el caso de Colombia con Venezuela, restablecer las relaciones representa revitalizar el comercio fronterizo, el pago de la deuda a un sinnúmero de empresarios, acceso de Ecopetrol a campos petroleros, la venta de energía, entre otros.

Duque cometió un error garrafal en su decisión de romper relaciones diplomáticas con el vecino país, cerrando puertas incluso a situaciones en donde estaba en juego la garantía de los derechos de los ciudadanos, en especial los de los niños venezolanos abandonados en Colombia. Pero el restablecimiento tampoco puede significar entregarnos sin condiciones a dicho país. Las relaciones se fortalecen a partir de la confianza y muestras de resultados; hasta el momento, no hemos visto a Maduro comprometerse de forma categórica a dejar de ser el escape y refugio de los grupos terroristas y su espacio de aprovisionamiento logístico.

No podemos caer en la trampa de líder máximo del cartel de los soles, Diosdado Cabello, en quien recae una orden de captura por parte de la DEA por haber convertido a Venezuela en un centro global de tráfico de cocaína y blanqueo de capitales y que ha generado la perdida de tantas vidas en nuestro país.

Ni risitas cómplices, ni abrazos, ni compinchería, ni sombreros vueltiaos es lo que esperamos los colombianos; esta posición indigna. La relación que se entable debe ser basada en los intereses estratégicos del país; sin renunciar a lo fundamental, el poder actuar frente a la violación de los derechos humanos.

Sobre lo sucedido con Nicaragua, el silencio del gobierno Petro lo hace cómplice de las atrocidades que se han cometido. Este gobierno que se ha convertido en el de las mil versiones, primero dijo que el embajador no se había posesionado, dio a entender luego que el exembajador Ordóñez había sido el responsable y, por último, que hacían parte de una negociación humanitaria secreta. La improvisación es el actuar de este gobierno.

Me pregunto por qué se le concede un tratamiento preferencial a un país que nos tiene demandados ante La Haya, que nos ha quitado parte de nuestra plataforma continental y que ha cometido por años las más graves violaciones de los derechos humanos.

Con respecto a Argentina, el presidente Petro que tanto ha criticado la violación del principio de no intervención en los asuntos internos de otro Estado, pareciera haberse olvidado de su consigna, defendiendo a la vicepresidenta Kirchner acusada de corrupción por la fiscalía de ese país con todo un arsenal de pruebas en su contra.

La pregunta es si esto hace parte de una agenda oculta que muchos preveíamos, en donde la ideología está por encima de los intereses del país.

Adenda: Ni director del ICBF ni vice de educación básica. Los niños no son parte de la agenda del gobierno. Duele la infancia.

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