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No miren arriba

Sábado, 15 de Enero de 2022
Pareciera un argumento del mundo del absurdo, pero lo grave es que es real.

Ese es el título de una de las más recientes películas de Netflix que trata sobre un cometa que va a golpear la tierra y que por su tamaño significaría la extinción de la especie humana. Pero es una sátira, que aunque tiene  visos “progresistas” es rescatable pues muestra la realidad más desconcertante del mundo de hoy: no creer en lo que se ve, ignorar la realidad, una especie de esquizofrenia social. Hubo por allá en los 70 un profesor de filosofía en California que fue muy exitoso en sostener que la realidad no existe y que solo existe en lo que creemos y eso caló hasta llevarnos al mundo absurdo de hoy, donde la gente cree más fácil en misterios y conspiraciones que en la revolución científica.

Pues bien, en la película unos científicos identifican el cometa y calculando su trayectoria encuentran el día y el punto de impacto y se lo comunican al gobierno, el cual “aplaza” el tema por elecciones; aplaza lo inaplazable. Ante esto los científicos van a los medios, los cuales por su carácter cada más light y su sentido alterado de la realidad hacen mofa del asunto. El tema inunda las redes, donde encuestas muestran que un 62% de la gente “no cree” que el cometa golpee la tierra y un treinta y pico por ciento “no cree” que el cometa exista. Ante semejante absurdo los científicos dicen “solo miren arriba”, allá se ve el cometa, pero en redes surge un movimiento “no miren arriba” impulsado por gente con intereses en ello y con seguidores por razones ideológicas o simplemente de ignorancia. El cometa golpea la tierra en el momento y sitio predicho y el evento destruye la vida en el planeta.

Pareciera un argumento del mundo del absurdo, pero lo grave es que es real.

Un porcentaje importante de personas “no cree” en la pandemia del coronavirus así sepan que han muerto más de 5 millones de personas; muchos “no creen” en las vacunas y otro porcentaje “NO CREE” que exista el “bicho” como le dicen. Solo basta mirar a lo que está pasando pero ellos prefieren “no creer”, así eso haga más difícil controlar el “bicho”.

En América Latina cada vez más países caen en el socialismo y cuando se advierte el riesgo sobre Colombia, la gente “no cree” que aquí vaya a pasar lo mismo así gane la izquierda y otros “no creen” que el socialismo sea malo. Ven el caso de Venezuela, Cuba y Nicaragua y “no creen”.

En Cúcuta se ha dicho desde hace mucho tiempo que va a haber un terremoto destructor, aunque no se sabe cuándo, pero la gente “NO CREE” y vive como si no lo fuera a haber. La planificación urbana no tiene en cuenta el riesgo sísmico, por ejemplo. En 1875 Cúcuta fue destruida por un terremoto y se sabe científicamente que fallas activas vuelven a crear sismos pero no hacemos nada, lo que significa “no creer”.

Erich Fromm, en su libro “El Miedo a la Libertad” lanzado en los años 40 del siglo XX escribió: “La concepción iluminista que presenta al hombre como un ser racional capaz de asumir decisiones adecuadas a sus intereses siempre que tenga acceso a la información necesaria, pareció sufrir un golpe decisivo”. Hablaba del ascenso de los extremismos. Vivimos el siglo de la plena información, pero optamos por lo irreal. Una explicación para esto es el daño que la mala educación ha hecho al pensamiento crítico. Una educación básica y media basada en la disciplina y el poder y manejada por burócratas limitados y profesores mediocres e ideologizados logran en 12 años destruir cualquier capacidad de sentido crítico en los jóvenes. Ello llevado a unos medios también ideologizados hacen el coctel perfecto para la frase lapidaria de Fromm: “La desesperación del autómata humano es un suelo fértil para los propósitos políticos del extremismo”. En eso sí creo.

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