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Nunca olvidemos

Miércoles, 9 de Junio de 2021
Existen principios que deben brindarnos algo de serenidad.

La actual crisis política, económica y social que tiene postrada a Colombia requiere un diagnóstico sereno y soluciones concretas. Son tiempos de incertidumbre donde se debe negociar con voceros autorizados de la sociedad en una mesa convocada por el gobierno nacional. El Estado debe consolidar la mesa de garantías de la protesta solicitada por los marchantes y llenarse de una paciencia estratégica para una larga jornada de descepciones que al final del camino conduzca a una solución satisfactoria para todos.

Existen principios que deben brindarnos algo de serenidad. El primero de ellos es: “no hay progreso con populismo”. La historia es implacable. No existe país que haya optado por un gobierno populista y que hubiese mejorado de manera sostenible su nivel de bienestar. También tengamos en cuenta la siguiente máxima: “No hay crecimiento con impuestos altos”. Inicialmente los impuestos, si son bien gastados, mejoran temporalmente la inequidad y hacen más fuerte al Estado, pero en el mediano plazo terminan asfixiando el crecimiento económico. Recordemos en nuestro día a día que: “No hay ahorro sin austeridad”. Este es un factor cultural que debe desarrollarse desde los primeros años de nuestra vida y la austeridad, que muy poco se practica, aunque todos hablan de ella, debe iniciarse en el hogar pasando por las empresas y el gobierno.

Nunca olvidemos que: “no hay inversión sin confianza”. Al invertir es necesario tener un escenario donde los riesgos puedan ser calculados en forma razonable. La confianza nunca debe perderse porque cuando esto sucede tarda mucho tiempo en recuperarse. Los tres grandes estímulos para una inversión son: la confianza en el futuro, en la justicia y en la política. Todos debemos saber que: “no hay equidad sin propiedad”. La madurez se adquiere en una sociedad cuando sus miembros son propietarios. La propiedad no surge en forma espontánea. Es el resultado del trabajo y del ahorro, factores que se deben proteger y estimular.

Recordemos que: “no hay paz sin justicia”. La impunidad no puede ser el precio para obtener la paz. La paz debe ser el resultado de la justicia. Desde la época de los romanos, se aseguraba que la seguridad es la primera ley de la República y es el resultado de la capacidad que tenga el Estado de hacer respetar la ley. Si la autoridad se respeta el ciudadano es libre de la inseguridad. Muy importante es que todos sepamos que: “No hay prosperidad con corrupción”. La tolerancia social a la corrupción rompe la estructura moral de una sociedad, porque implica aceptar que lo público, que es de todos, no merece respeto y es permitido apropiárselo. La corrupción no es inevitable y no es un mal menor.

Sin olvidarnos de los principios expuestos de forma resumida pero muy concreta, se requieren más actores gubernamentales interesados en el futuro del país como empresarios y representantes gremiales que participen como validadores y generen puentes de diálogo. Es urgente llegar a acuerdos que deriven en esperanza para recuperar una confianza sólida e incluyente. Hay temas que necesitan ser atendidos con urgencia como el de las oportunidades laborales, educativa y de creación de empresas para los jóvenes lo que nos obliga a actuar con prudencia, porque bajo las actuales circunstancias no hay margen para el error ni para las equivocaciones. Somos un pais resciliente y saldremos fortalecidos de esta situación, impulsando la confianza en las instituciones y en la capacidad que se tiene de construir un mejor futuro.

Ya la primera calificadora de riesgo tomó la decisión de bajarnos el grado de inversión. Este puede ser el inicio de una devaluación que según experto podría llegar a $4600 pesos por dólar, aunque después bajaría un poco. Lo anterior sucedería porque algunas inversiones extranjeras, tan necesarias para nuestro desarrollo, saldrán del país no por hacernos daño sino porque sus reglas son muy simples: “invertimos donde hay grado de inversión y si se pierde nos vamos”.