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¿Para dónde vamos?
Deseamos que el señor presidente se salga de la retórica y de la ingenuidad romántica, de justificar cultivos ilícitos.
Jueves, 22 de Diciembre de 2022

Hará ocho meses el historiador británico Malcom Deas al recibir en Barranquilla el doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad del Nortedijo: “Colombia será un gran pais, cuando los colombianos decidan en qué fecha”.

En el mes de agosto desde el Catatumbo y la semana pasada desde el Cauca en su visita los indígenas, el señor presidente de la República Gustavo Petro ratificó cómo es que Colombia se asoma al futuro.

Tenemos que creerle al Presidente, pues su propuesta se está estructurando de manera diferente a la de los gobiernos anteriores. En la propuesta nos dio unos trazos que pueden ser el comienzo de una solución de mediano plazo.  Además, que el diagnóstico provenga de un historiador tan experimentado como Malcom Deas, pues nos obliga a sus seguidores a la reflexión. Nadie como él conoce nuestros valores y miserias, que le llevó a decir:“cuanto más me adentro en la historia de este pais, más me sigue fascinando porque es compleja y no me fue fácil”.

Un estudio diario que emprendió hace 60años sobre lo ocurrido en los siglos XIX y XX en Colombia republicana, cuando dejó el New College dela Universidad de Oxford pretendiendo investigar sobre lugares donde nunca hubiesen estado los ingleses.

Tenemos que creerle al Presidente su prosperidad social sustentada en una paz total y segmentada para superar la violencia y la desigualdad, presupuestada en su gran riqueza natural y humana, mediante negociaciones y mucha transigencia en las dos orillas.

Ninguno de los antecesores en el poderhabía logrado el respaldo del congreso como el que acaba de consolidar, borrando las prevenciones de su revanchismo contra las fuerzas armadas y sincerando la debacle de la lucha contra las drogas: “Hemos Fracasado” dijo.

Que el cambio va, lo ratificó abruptamente al nombrar la nueva cúpula militar advirtiendo: Las tropas deben prepararse para ser un ejército de paz y en una purga habilidosa se deshizo de la cuota (35) de generales de la vieja guerra, para ponerse al frente de 400.000 hombres, que en tamaño, es el segundo cuerpo armado de américa latina.

Dios quiera que no realice su obsesión por excluir a la Policía Nacional del Ministerio de Defensa.

La historia nuestra, como además lo analizó profundamente el historiador Malcom Deas, indica que cuando la Policía Nacional, estuvo bajo la égida de los civiles, se politizó y produjo la violencia partidista liberal de 1930 y la conservadora de 1946. 

También deseamos que el señor presidente se salga de la retórica y de la ingenuidad romántica, de justificar cultivos ilícitos y el consumo de estupefacientes, con la referencia a la desigualdad de los campesinos y al desarrollo de a libre personalidad de nuestros jóvenes, cuando el argumento cayó de bruces en las cortes internacionales.

Adenda: Que bueno, además, que la geopolítica suramericana se recomponga, tras la ceguera de Duque y las baladronadas de Juan Guaidó.

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