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Pelea de zurdos

Viernes, 2 de Abril de 2021
El cartel de los soles venezolanos, con la participación activa de los jefes Farc Iván Márquez y Jesús Santrich, ahora se enfrenta al grupo del “disidente” Gentil Duarte.

El Arauca se está llenando de inmigrantes venezolanos, a los que pronto nuestros “progresistas” pedirán dar plena ayuda con los recursos colombianos, producto de la lucha de “guerra” entre grupos de crimen organizado, ambos declaradamente socialistas. La verdad es que estas “guerras” entre socialistas no son nuevas; basta recordar las tirantes relaciones entre la URSS y la China maoísta que produjo muchos “incidentes” fronterizos armados entre esos dos estados en el siglo XX. Lo distinto es que ahora priman no las ambiciones territoriales camufladas en purismo ideológico, sino el concepto mafioso de pertenencia de rutas de narcotráfico. 

El cartel de los soles venezolanos, con la participación activa de los jefes farc, alias Iván Márquez y Jesús Santrich, que siguieron su negocio en sociedad con el régimen mafioso de Venezuela, ahora se enfrenta al grupo del “disidente” Gentil Duarte a sangre y fuego. Mientras aquí se rasgan las vestiduras por el bombardeo del Guaviare, nuestros “progresistas” no dicen nada de los desplazamientos, asesinatos a la población civil, seguramente también a niños, por parte de las dos farc. Otra palabra que nunca se ha definido es si disidente se refiere a que no estuvo de acuerdo con el proceso santista, o a que se separó de la principal línea narcoterrorista de las farc. En cualquier caso, Gentil Duarte es disidente.

A pesar de esta palpable muestra de comportamiento mafioso, nuestros mamertos siguen sosteniendo en la teoría del “conflicto político” para justificar las guerrillas y acuerdos de impunidad como el Santos-Farc. No he oído decir nada al líder del partido de los comunes sobre este asunto, ni al protector de Santrich, Iván Cepeda, ni a Gustavo Petro o su amanuense Gustavo Bolívar, o a Claudia López, debe ser porque no puede participar en política, ni a los “centristas” como Alejandro Gaviria, defensor a ultranza del ambiente cuando de sembradíos de coca se trata, o de Sergio Fajardo, o de Antanas Mockus, o de los socialdemócratas del liberalismo. 

Como en esto no participan las fuerzas armadas colombianas, el derecho internacional humanitario ni se menciona, lo cual en realidad no importa, pues a ninguna de las dos mafias implicadas les vale algo el DIH; eso se usa solo para detener el avance de las fuerzas estatales contra estas “disidencias” o los buenos muchachos del ELN. Y eso hace que este vaya a ser un conflicto largo, pues la pelea es por el billete y eso para los socialistas es lo más serio. A menos que haya un acuerdo donde Gentil Duarte se sienta respetado, a él y sus “muchachos” no los para una frontera; entraran a Venezuela y hostigaran a la Fuerza Armada Nacional de los soles, y no tendrán problema en hacer atentados terroristas contra la población civil, ojalá para dar de baja a sus enemigos “de clase mafiosa” Márquez y Santrich. 

Hay un riesgo y es que el régimen de Maduro lo quiera volver un asunto binacional entre estados, para que no quede tan de presente su carácter mafioso, e intente vincular a Gentil Duarte con “paramilitares” colombianos enviados por el gobierno nacional y con apoyo de las fuerzas armadas. Y no faltarán progresistas y “periodistas” colombianos que transmitan esto, como la razón real de los incidentes armados en la frontera. Hay que estar atentos a estos trabajos internos que pueden salir de cualquier “progresista” o de alguna “investigación” de El Espectador. 

He dicho repetidamente que Venezuela y los quintacolumnistas colombianos afiliados a ésta son el peor riesgo de seguridad nacional de Colombia. Y no podemos seguir con leyes para tiempos de paz, en condición de grave riesgo para la república. Bueno es culantro, pero no tanto. No hacerle cirugía mayor al sector judicial colombiano, nos pone no solo en riesgo de guerra, sino sobre todo con grandes probabilidades de perderla. La Corte que liberó a Santrich, como estamos viendo, se hunde cada vez más en su ideologización, ahora con variante etílica.