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Peligrosa expansión xenofóbica

Miércoles, 29 de Enero de 2020
Migrar es sembrar el alma, dejar de ser de algún lugar para ser de toda la tierra.

“Migrar es tocar tierra sin mi familia; tierra donde extrañar se vuelve tu  apellido. Abrazar un silencio sordo, anidar una  grieta, volver a comenzar…”, con este  fragmento del poema del escritor, editor  y músico venezolano Zakarias Zafra,  radicado en México, pretendo sensibilizar a las personas que están incitando a reaccionar de  manera violenta contra los venezolanos asentados en la ciudad,  a quienes responsabilizan de la  inseguridad y el desempleo que abundan en la región.

Hay que admitir que varios de ellos fueron sindicados  de atracos y hasta homicidios, pero sin que los juzgados los hayan condenado. Sin  embargo,  es cierto que entre los miles de ‘panas’ que nos acompañan desde hace varios años se hayan colado delincuentes,  pero no podemos caer en la ligereza de  generalizar.

Como todos los migrantes del mundo, ellos son víctimas de  jugarretas polítiqueras internacionales,  y que difícilmente podríamos  suponer  que dejaron  su  tierra y  sus  seres queridos simplemente por emprender una aventura.

También es cierto que el  paternalismo estatal y los  subsidios derivados de la bonanza petrolera los mal acostumbró y por esa razón no rinden en los trabajos  que les brindan en la ciudad y la región.

Así lo han expresado los dueños de  talleres de mecánica, latonería, carpintería  y los responsables de los edificios y casas  que se construyen en esta parte del país.

Sin embargo, por las calles que  conducen al centro de la ciudad, en las  mañanas se observan a mujeres jóvenes  y atractivas conduciendo unos carritos para  ofrecer arepas, empanadas y café. La  gente es consciente del trabajo honrado que desempeñan y por eso las admiran y respetan.

La situación complicada, con el  riesgo de agravarse, se deriva de los mototaxistas nacionales, que responsabilizan  a los colegas extranjeros de los atracos que se registran en las vías céntricas y periféricas, del consumo de bazuco y mariguana y, de la prostitución.

En  varias  oportunidades se  han  presentado fricciones y hasta  enfrentamientos armados: “ellos  son  muy groseros y  arrogantes,  no  entienden que no  están en  Venezuela y  quieren  ponerse de  ruana  a la  ciudad”, expresaron varios  de los conductores  locales.

Aunque los  ocañeros  somos muy  buenos  anfitriones y acogemos  muy  bien  a quienes  nos  visitan, y  que  esa  condición se ha  extendido,  de  una  manera solidaria y  humanitaria  hacia  los venezolanos, quedamos pendientes del  anuncio del  alcalde Samir Casadiego, de pedir  una  comisión de  Migración, para  verificar los  antecedentes  y  deportar a  quienes  tengan  cuentas  pendientes con  la  justicia.

Como  ocurre en  otras ciudades  del  país, la  gente  reclama que  las  atenciones en  salud  y  educación  sean  primero  para  los connacionales y  no  como  acontece actualmente, que la  prioridad son  los provenientes  del  vecino  país.

“Cuando nosotros nos  fuimos a  trabajar  a  las  fincas  de  Venezuela y  luego  de permanecer  muchos años  allá,  los  patrones,  para  robarnos las  cesantías nos  ´chutaban´ a la  PTJ o  a  la  Guardia Nacional  para  que  nos deportaran”, recordó un  señor en  el  Parque  29 de  mayo, sitio  céntrico invadido por  vendedores ambulantes,  muchos   de  ellos provenientes  de   la  patria   de Bolívar.

Si a  nosotros   nos trataban  de  manera  despectiva ´caliches´ no debemos  desquitarnos con ´venecos´, la  mayoría  de  ellos son  buenos, debemos  respetarnos  mutuamente porque  no  sabemos qué  pueda  ocurrir más adelante…    

“Los  hemos  recibido  muy  bien pero  sin  embargo,  deben   respetar  las  normas y no creerse sobradores y hacer  lo que   les  de  la  gana” , agregó  el  ex migrante.    

Migrar es sembrar el alma, dejar de ser de algún lugar para ser de toda la tierra.
 
Uno de  los  versos finales del  poema del  artista venezolano radicado  actualmente  en  México, para que  reflexionemos sobre  el  problema  migratorio.

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