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Pensamiento en azul

Lunes, 15 de Febrero de 2021
¡Cómo no sentirse uno orgulloso!

El pensamiento es la racionalidad fluyendo, un rocío lento de sabiduría, el legado supremo de Dios, el umbral de esa dimensión blandita del alma que nos aproxima a la quietud del ser, donde reposa la inteligencia junto a la sensatez.  

¡Cómo no sentirse uno orgulloso entonces!, si es el mayor don que la vida otorga al ser humano, para que sea capaz de asumirla con el compromiso de que, desde su propia voluntad, formalice su íntima necesidad de evolución.

Es ese sentido innato de la perfección que poseemos en potencia, una especie de filosofía natural con la cual dejamos que las ideas germinen en juicios maduros y emerjan sueños muy autónomos, para perseverar en la identidad.

Y eso se denomina plenitud: un estado espiritual que afianza los límites entre el bien moral, el bien social y el bien individual, para mantener una jerarquía decorosa en el orden de sucesión de los valores.

Cultivar el pensamiento nutre de armonía el ambiente de diversidad en que ocurren los sucesos, para apuntalar el escenario de las costumbres y fecundar de hidalguía las decisiones.

El esfuerzo y el estudio son básicos para acrecentarlo, para sembrarlo en el entendimiento y generar una actitud intelectual permanente, una ruta que convierta las casualidades en causalidades.

(Corolario: A partir del pensamiento se generan los pasos lógicos para elaborar una conducta reflexiva, crítica, aquilatada con el criterio válido de reconocernos valiosos y bendecidos).