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Politiquería

Miércoles, 1 de Junio de 2022
La politiquería, un término que toma fuerza por esta época.

El daño que le ha hecho la politiquería a los países es incalculable, entendiéndose este término como el enfoque ruin y mezquino con el que muchos ejercen la actividad política. A veces nos limitamos a pensar en algo local, algo mínimo, e ignoramos que hay niveles de niveles como dice Ryan Castro.

Casi siempre pensamos en politiquería como aquello que hacen algunos en los barrios el día de la madre, en donde sí o sí hay mariachi abordo, recordatorio de lo que “se le ha dado al barrio” o promesa de lo que supuestamente va a llegar, y un detalle para asegurar el apoyo en la próxima contienda electoral. También pensamos en el conjunto de transacciones que se dan para aprobar algo no tan bondadoso en un POT o lo que hay que hacer para “lograr” una concesión que no le deja beneficios al erario sino a privados de dudosa reputación.

Pero esto no es todo. Hay mucho más, y especialmente, con relación al lobby. A pesar de que el lobby se define como “influir en los que toman las decisiones”, y está regulado como actividad económica en España, México o Estados Unidos, entre otros, en la realidad es mucho más que interactuar con el poder para dar un punto de vista. En la Unión Europea, las leyes son prácticamente coescritas por grupos de interés que influyen en ellas a través de grupos de expertos y esto puede ser perjudicial para el interés general de los ciudadanos.

En este punto, quienes aún leen esta columna antes de volver el periódico un insumo de maduración de aguacates, estarán pensando: ¿Cómo un politólogo puede oponerse al lobbismo o cabildeo? ¡Hasta dónde hemos llegado! Pues bien, no sé, supongo que me perdí en el camino o simplemente soy de aquellas personas que creen que los políticos no siempre entienden que los intereses de un grupo privado no concuerdan al 100% con el interés general de los ciudadanos.

El tema vuelve a cobrar fuerza en la opinión pública debido a los recientes acontecimientos en donde diecinueve menores y dos profesores fueron asesinados en un (cada vez más frecuente) tiroteo en Texas. El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, hizo un llamado a la unión para hacerle frente al lobby de las armas y así poder proteger a los niños y a la sociedad en general de un riesgo que ya se ha consumado novecientas veces (sí, novecientas) en diferentes colegios del país.

No obstante, este ejemplo no es el único en el que chocan los intereses de los grupos de presión con el bienestar común. Fue curioso, y a la vez vergonzoso, ese momento en el que Fedegan (Ene/2022) pidió más controles y protecciones arancelarias para beneficiar a los productores lecheros debido a la ‘gran’ cantidad de importaciones de leche en polvo que estaba haciendo el país, ignorando que debe haber un equilibrio entre el precio, calidad y disponibilidad de los productos, en donde el consumidor final es finalmente el que pone la pauta. Un absurdo total.

Necesitaría muchos caracteres más para agregar otros ejemplos que ilustran la inconveniencia de permitir una injerencia politiquera de los grupos de presión en la creación de las normas. Por eso creo que sin importar quien sea el próximo presidente de este país, una de las tareas más importantes que le aguardan es consolidar un equipo que realmente esté conectado con el ciudadano y encuentre el equilibrio entre el interés de los grupos privados y el bien común. Así no esté regulado el lobby en Colombia, la influencia y presión de actores es una realidad que con transparencia puede evitar convertirse en politiquería, que es la responsable de gran parte del malestar social que tenemos.

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