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Preparación para la paz

Sábado, 23 de Enero de 2016
El cese bilateral de la confrontación es un punto de quiebre de la guerra.

Las señales que llegan de La Habana sobre las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y las Farc son cada vez más afirmativas de las posibilidades de paz. Hay unas dinámicas que sacan ese proceso de la ambigüedad y lo ponen en la perspectiva de consolidación de decisiones bilaterales que no admiten dudas. El ánimo de las partes es el de superar escollos y llegar al acuerdo final de la desmovilización, con dejación de las armas y la puesta en marcha de lo que se considera debe ser la hoja de ruta de una nación abierta a cambios que garanticen una democracia real y le den estabilidad.

El cese bilateral de la confrontación es un punto de quiebre de la guerra en que está atrapada Colombia desde hace medio siglo. Es alejarse de las atrocidades propias del conflicto armado hasta llegar a una definitiva no repetición de lo que se convirtió en cotidiano menosprecio de la vida y en el estrangulamiento recurrente de los derechos y las libertades de las personas, sin distinción de edad, género, etnia o credo.

Es la erradicación de esas formas de lucha de ultraje a la dignidad humana. Pero toda esa limpieza impone correctivos de fondo respecto a la concepción de la sociedad y el ejercicio de la política. Porque la construcción de la paz involucra saneamientos que introduzcan igualdad de oportunidades para todos y por consiguiente el reparto equitativo del patrimonio que se estima común.

La etapa que sigue tras el acuerdo a que se llegue sobre desmovilización y dejación de armas es de fundamental importancia y tendrá que atenderse con rigurosa responsabilidad. Es el llamado posconflicto, que no es una piñata de reparto de recursos como lo sueñan quienes tienen montada la codicia a la espera de los privilegios de que son usufructuarios a la sombra de la corrupción, sino la construcción de un modelo de equidad para el conjunto de la sociedad.

Las tareas que genere el posconflicto tendrán que confiarse a personas que sean consecuentes con los fines trazados, capaces de ejercer un liderazgo consciente y trascendente en convicciones que representen el nuevo espíritu de convivencia y tolerancia.

En las regiones, que serán escenarios decisivos para la paz, las autoridades o los servidores públicos con funciones de gobierno, tienen que ser garantes de ese proceso y por lo tanto, a gobernadores y acaldes les corresponde tener lúcida comprensión de su protagonismo. No podrán caer en ligerezas, amiguismo o chambonería. No es una oportunidad para pagar favores políticos. Es la aplicación de unas políticas que no admiten improvisaciones. Si en lo que toca a esas funciones impera el capricho personal y la politiquería se pone en riesgo  la empresa de la paz, que no puede ser utilizada como carnada de la corrupción.

No debe olvidarse esta frase del repertorio clásico de la antigüedad: “Acuérdate romano que tu deber es enseñar a este pueblo la costumbre de la paz”.

Puntada

Como la vida es más corta que la muerte, por eso toda persona debe aprovechar su tránsito sobre la tierra lo mejor posible, en bien de todos.