Renovación urbana

Miércoles, 12 de Agosto de 2020
Los acelerados cambios en las costumbres y necesidades.

Las plazas, los parques, los puentes, los edificios, las casas, junto con las calles y avenidas que los comunican, configuran nuestro entorno construido. Reflejo fiel de nuestras relaciones sociales, la ciudad y su materialidad constituyen la base para el desarrollo de nuestra vida y la búsqueda de nuestro proyecto de sociedad. Si no, basta con imaginar por un momento no tener donde dormir, por donde circular, donde encontrarnos a trabajar e intercambiar ideas. Sin colegios, universidades, parques, vías, andenes, ni cines, ni lugares de esparcimiento. Este contraste vislumbra la importancia de la arquitectura y el urbanismo para gestionar y definir la calidad de vida. La ciudad y su arquitectura define y estructura nuestras vidas y es la que les transmitirá a las generaciones futuras nuestras costumbres, angustias y prioridades. La ciudad que vivimos hoy, se construyo ayer respondiendo a los deseos y anhelos de otras generaciones, pero ya no responde adecuadamente a nuestros requerimientos.

Los acelerados cambios en las costumbres y necesidades, en parte desatendidos de forma estructural por el Estado y las nuevas formas de vida, trabajo, cultura y ocio junto con las necesidades básicas como la vivienda, la salud, la educación, la recreación, la cultura y el deporte; exigen replantear y adecuar de forma profunda nuestro entorno construido. Junto a estos imperiosos retos, el cambio climático global requiere pensar y construir la ciudad de una forma más eficiente en cuanto al consumo de recursos energéticos, lo que significa una mejor movilidad orientada al peatón y los desplazamientos no motorizados o al menos no contaminantes, un mejor modelo de ocupación mas denso en actividades para abrir espacio a las zonas verdes y públicas. En últimas, procesos de renovación urbana como estrategia para un territorio más sostenible.
     
La pandemia solo acentuó la urgencia de hacer frente a estos desafíos. Ya la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, subrayaban la necesidad de renovar las ciudades para mejorar la calidad de vida y lograr la sostenibilidad del planeta mediante un adecuado consumo de recursos. El confinamiento para aplanar la curva de contagios ha enfrentado a las ciudades y sus habitantes ante una nueva crisis social y económica sin precedentes. Resguardados, cerca o lejos de los que amamos, habitamos nuestra casa y ciudad de forma diferente y se agudiza la conciencia sobre el valor que lo construido aporta a nuestro bienestar personal y colectivo. Ya los medios han anunciado los profundos impactos en la economía que sin duda socava el tejido social en esta cuarta revolución industrial, donde debemos asumir que las prioridades que la pandemia visibilizó criticas deben servir para acelerar en el cumplimiento de los objetivos ya fijados.
     
Las políticas públicas de Renovación Urbana encuentran su soporte en los Planes de Ordenamiento y deben precisarse a partir de un adecuado marco normativo y económico que brinde incentivos fiscales mediante la aplicación de los instrumentos de gestión del suelo. En otros momentos críticos de cambios profundos, la ciudad, sus calles y su arquitectura se transformaron para adaptarse a la nueva normalidad. El terremoto de 1875 que destruyó a Cúcuta, ha de servirnos para recordar la determinación que tuvieron esas generaciones, resistiéndose a ser victimas para dar un paso adelante. Hoy más que nunca, necesitamos con urgencia transformar la ciudad a partir de un proyecto colectivo y común que, dentro de la voluntad compartida, también nos permita construir un futuro mejor que, o es sostenible o simplemente no podrá ser.
    
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