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“Respeten, carajo, no jodan”

Jueves, 25 de Noviembre de 2021
Yo jodo, tú jodes, él jode, se conjuga todos los días.

Perdonen la grosería, pero la expresión no es mía. Por eso la puse entre comillas.  Entre otras cosas, joder ya no es grosería. En España la usan como una exclamación de uso común y corriente. En el hablado cucuteño, cuando no se entiende algo, uno pregunta ¿Y esa joda? La maestra cita a la mamá para darle quejas del comportamiento del niño, y la madre, con su espíritu tierno y comprensivo y alcahueta, pregunta: “¿Molesta el angelito?” Y la docente responde: “¿Molesta el angelito? No. Jode el hijuemadre”. Vi un video donde la esposa le pregunta al marido “Yo jodo? Dígame ¿yo jodo?. Y el marido callado. Y ella vuelve al ataque ¿Cuándo lo jodo yo? Y Job, callado. Pero dígame: ¿Lo jodo?

Yo jodo, tú jodes, él jode, se conjuga todos los días.  Y el “carajo”, es una palabreja que se usa en casos distintos: Como exclamación: ¡Carajo! Como destino: ¡Vaya mucho al carajo! Como adverbio de cantidad: ¡No sabe un carajo! Como finalización de una charla: ¡Ya no más, carajo! Y hasta en diminutivo para referirse al niño: ¡Este carajito!

Presenté excusas al comienzo por la grosería del título, pero como ven, no es grosería. Tal vez en tiempos remotos, cuando hablaban las enjalmas sí lo era, pero la modernidad está acabando con el sentido grosero de ciertas frases y palabras.  Cuando hice la primera comunión, recuerdo que la maestra nos preparaba: Se deben acusar de las malas acciones, los malos pensamientos y las malas palabras. Malas palabras como decir joder y carajo. Pero los tiempos cambian.

Ahora caigo en cuenta que me salí del tema. Me salí del camino (a veces las trochas son buenas). El cuento es que, según dicen las noticias, está cursando en el Congreso de la República un proyecto de ley, que algunos llaman “La ley del No jodan”.  Para que vean que no todo lo que hacen los políticos es malo. Les tenemos fobia a los políticos porque sí y porque no. Si hacen, malo. Y si no hacen, malo. Palo porque bogas y palo porque no bogas.

El asunto es con los bancos y otras instituciones crediticias. Que no le jodan la vida al deudor, cobrándole su deuda en horas en que debemos estar descansando. Es decir, que no cobren al medio día, ni cobren después de las seis de la tarde, ni cobren sábados ni domingos. Ni en puentes festivos.  

El descanso es un mandato divino y nadie, por muy banco que sea, tiene derecho a dañarnos el descanso, a jodernos la siesta. Dicen los sicólogos, médicos, enfermeras y yerbateros, que por cada cobro que un deudor recibe, se le aumenta el estrés, el corazón se acelera, la vista se nubla y hasta se corre el peligro de marcar calavera.

El espíritu de este proyecto de ley es sano, humano y favorece el proyecto de paz. La paz interna que todos necesitamos.  Yo no sé si la Colombia Humana lo tenga como uno de sus postulados. O los Verdes. O los Cristianos. O las minorías. O los reinsertados. O La derecha. O  la izquierda. Pero debe ser una obligación de todos los políticos procurar el descanso de la gente. Y conste que no me refiero al descanso eterno.

La medida debería ser también adoptada contra los vendedores de cebolla, bananos y aguacates que pasan por las calles ofreciendo sus productos con un megáfono ronqueto, cuyo estruendo resuena diez cuadras a la redonda. Y debiera también contemplar medidas especiales contra las esposas cantaleteadoras. La cosa es difícil, pero no imposible. ¡Quiera Dios!

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