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Se acaban las excusas

Viernes, 8 de Julio de 2016
El fin del conflicto no representa el fin de la violencia en Colombia. 

El acuerdo firmado entre el gobierno y las Farc-EP no es más que el inicio de un camino que espero nos lleve al fin del conflicto armado en Colombia. La confrontación armada ha tenido lugar particularmente en las zonas rurales de Colombia y ha afectado en mayor medida a las comunidades históricamente desprotegidas por el Estado. 

El fin del conflicto no representa el fin de la violencia en Colombia. De hecho, antes del inicio de los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc, el conflicto colombiano era reconocido en el mundo como de baja intensidad, inclusive en los momentos de mayor confrontación. La razón es sencilla, en nuestro país hay más muertes violentas  por razones no asociadas al conflicto, que por la acción misma del combate.  

Lo que implica que el fenómeno de la violencia deviene de múltiples causas, asociadas principalmente a la desigualdad, la falta de oportunidades, el atraso social de territorios y comunidades enteras, los bajos niveles de educación de calidad y a la ineficacia del Estado. Una de las expresiones de esta problemática, es el conflicto armado entre grupos ilegales y las fuerzas legítimas del Estado. 

Sin embargo, por décadas nuestros representantes políticos responsables de la toma de decisiones económicas, nos han dicho que a raíz del la guerra contrainsurgente el país no avanza, los beneficios de la presencia estatal no logran llegar a todos los rincones del territorio nacional, la política social no se desarrolla en zonas donde la delincuencia armada hace presencia, los representantes civiles del Estado no pueden hacer presencia en zonas de control subversivo, el presupuesto nacional debe priorizar el gasto militar y la seguridad, sobre el gasto social. 

Celebro hoy el inicio del final de la excusa más usada por nuestros líderes para continuar siendo uno de los países más desigual de América Latina, sólo superado por Honduras. Celebro que comunidades y territorios olvidados no tengan hoy como pretexto la guerra contra la subversión para que no se les lleve agua potable o salud de calidad.  Celebro el hecho que significa acabar con la disculpa de la “zona roja” para que no lleguen a todos los colombianos los benéficos del estado social de derecho. Celebro que en el futuro cercano sea cada vez más difícil disimular la incompetencia, la mediocridad y la corrupción de nuestros gobernantes, con la simple y trillada frase de que “si hubiese paz todo sería mejor”. 

Los colombianos de mi edad hemos vivido todos los días desde nuestro nacimiento con la incertidumbre de saber, qué sería de nuestro país con un día de paz. Por años hemos soñado con que los narradores deportivos dejen de pedirle a la selección de fútbol, al “escarabajo” de turno o al deportista destacado que nos regale un momento de felicidad que no logramos en el diario vivir como ciudadanos atemorizados de un país en guerra. 

El nuevo temor al que nos enfrentamos está ligado a quedarnos sin excusa para explicar nuestros fracasos como sociedad.