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Se acabó el mundial

Este último mundial no solo ha sido visto por Tv, sino también por las redes sociales, que es donde hemos encontrado su verdadero trasfondo y esencia.

Como soy un hombre ya entrado en los sesenta, podría empezar por decir que el primer mundial del que tengo memoria es el de México 70. Estaba cerca de cumplir los 9 años de edad, cuando mi papá encendió el televisor para ver el juego de la final, que se transmitía en vivo y en directo. Le pregunté curioso qué era aquello y me respondió que el partido entre Italia y Brasil. Desde allí, he venido siguiendo de una u otra forma todos los mundiales. El que viví con mayor fervor fue el de España 82, para ese entonces compré el álbum con sus respectivos matachos, las camisetas de varios equipos, las calcomanías e incluso me llevaba un radio para la Universidad o me agolpaba con otros compañeros en el pequeño televisor de la cafetería, haciéndole fuerza al equipo de Brasil.

Este último mundial no solo ha sido visto por Tv, sino también por las redes sociales, que es donde hemos encontrado su verdadero trasfondo y esencia. Ya no se trata nada más de apoyar a los representantes de nuestro país, y a medida que van siendo eliminados ir simpatizando por otros, ahora nos hemos enterado que para decidir por esta sede de Catar, hubo negocios no muy bien vistos, que en la construcción de los estadios mucha gente fue tratada como esclavos y perdieron la vida, que todavía existen lugares de este, nuestro mundo, donde las mujeres no tienen opinión y que a la gente la pueden condenar a muerte porque, según ellos, ofenden a dios (con minúscula), bajo la premisa de que son sus leyes, cultura y religión, como si en pleno siglo XXI los católicos todavía tuviéramos en vigencia la inquisición y siguiéramos quemando en la hoguera a las damas que nos hechizan, y eso habría que respetarlo.

Luego está lo de las celebraciones y la baja tolerancia a la frustración. Ya sabemos que la mayoría de los jugadores de futbol en nuestros países han tenido que superar muchas dificultades en cuanto a la pobreza y estructuras familiares, pero gracias al trabajo duro, dedicación y habilidades natas con el balón lograron llegar a Europa y superar todo eso, sin embargo, sus festejos parecieran sacar algunos resentimientos y odios que ya deberían estar en el olvido. Por otro lado, los perdedores ahora se ponen a llorar, hacen pataletas, se quitan las medallas de segundo o tercer lugar, como queriendo decir “si no soy campeón, no quiero nada”. El futbol es tan envolvente que hasta los presidentes pierden su envestidura para consolar a los niños malcriados que ganan muchos millones de dólares.

También pudimos apreciar algunas celebraciones de los argentinos luego de ganar el campeonato, profiriendo burlas e insultos, además de gestos obscenos, que de seguro también manifestaron los jugadores de otros equipos, pero como no hablamos francés, alemán o flamenco, y no pertenecemos a sus redes sociales no pudimos enterarnos mucho, o acaso ¿no recordamos el cabezazo de Zinade a Materazzi en la final de Alemania 2006?.

El hecho es que este deporte parece estar cambiando con el tiempo, hemos visto que es más dinámico, atlético, enérgico y despierta las pasiones más internas tanto de los jugadores como de los fanáticos, que en algunos casos tienen muy a bien de contar con este apelativo, pues se comportan como verdaderos “fanáticos” (extremistas, intolerantes, intransigentes). Las personas se entretuvieron durante un mes, se olvidaron de muchos de los problemas sociales y familiares, y ahora los argentinos tienen con qué vanagloriarse por 3 años y medio, bueno en realidad para toda la vida, felicitaciones campeones.

Viernes, 6 de Enero de 2023

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