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Se necesita un acuerdo

Lunes, 17 de Mayo de 2021
Es llegado el momento de instalar una mesa amplia, que de las suficientes garantías  para que se pueda negociar hasta encontrar un acuerdo que a todos incluya y que permita que en él converja la mayoría de la población de nuestros países.

No solo Colombia está convulsionada, sino Latinoamérica íntegra porque la pandemia nos ha desnudado.  La pobreza se muestra con crudeza y nuestros gobiernos intentan paliar por aquí y por allá.  Hay molestia, hambre, muertes y desgracias personales, y también daños y destrucción.

Por ser chileno, no me es complejo imaginar -guardando las diferencias- lo que ha venido ocurriendo, puesto que acá las protestas han sido prolongadas y violentas, iniciándose en octubre de 2019 y durando diariamente hasta que la pandemia se desató, contándose las víctimas fatales por decenas y quienes perdieron la vista producto de los perdigones policiales por centenas, al punto que el Presidente de la República acaba de ser denunciado de crímenes de lesa humanidad ante  Tribunales Internacionales.

Ocurre que urbi et orbi se proclamó y así se convenció a muchos incautos que los cambios político-sociales ocurridos en Chile e instalados cuando se vivía en dictadura,  eran dignos de ser imitados, porque la población de este país avanzaba a pasos agigantados hacia un estado de bienestar no conocido antes en sus fronteras ni en ningún otro país del continente.   Cuando se regresó a la democracia en marzo de 1990 -ella tenía apellido- porque las FF.AA. y de Orden la “protegían”, y además quién fuera dictador por más de diecisiete años continuó siendo  Comandante en Jefe del Ejército, lo que en otras palabras significa que detentando el poder de las armas. 

Todo ello condicionó muchas cosas y el gobierno tuvo que andarse con cuidado y lo que se llamaba democracia era una apariencia porque todo debía ser medido y meditado por temor a que los militares se alteraran. La transición fue muy compleja y los parlamentarios  partidarios del dictador se encargaron de bloquear toda reforma constitucional o aprobación de leyes que permitieran que los ciudadanos pudieran expresar sus deseos de cambio.

Es útil recordar todo esto, porque mí país ha sido mencionado, como el paradigma a ser imitado, olvidándose de explicar que dichas políticas provenientes de la Escuela de Chicago fueron experimentadas -cuál laboratorio- con seres humanos como Ud. o yo habiéndose llegado a una cesantía cercana al 50% de la población económicamente activa, con consiguientes ollas comunes como consecuencia de la hambruna sobreviniente. Por ello es tan absurdo pretender que estas políticas se quieran instaurar como si nada en países que viven en democracia.

En Marzo de 1990 cuando Pinochet entrega el mando de la nación, la pobreza ascendía a un 45% y la extrema sobrepasaba el 15 %.  Entonces ¿de qué paradigma me hablan?  

Por ello que el estallido social de Octubre de 2019, era del todo previsible.  Ocurriría tarde o temprano aunque la ceguera de los políticos transversalmente hablando, no previó que las estadísticas también son manipulables y que lo que se llama equívocamente la línea de la pobreza no refleja la postración, frustración y desazón que vive la mayoría de la población segmentadamente hablando, y que a los más desposeídos se ha venido a sumar un creciente número de población de la clase media, producto -entre otras cosas- de la concentración desmedida de la riqueza en muy pocas manos.  Y en esta materia tanto Chile como Colombia sacan notas coloradas porque están entre los países con distribución más inequitativa de América Latina.    

Por todo ello, es llegado el momento de instalar una mesa amplia, que de las suficientes garantías  para que se pueda negociar hasta encontrar un acuerdo que a todos incluya y que permita que en él converja la mayoría de la población de nuestros países.