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Semillas azules

Lunes, 4 de Octubre de 2021
Es un cultivo intelectual que sólo se cosecha en las raíces del pensamiento.

Los humanos debemos sembrar semillas buenas en nuestros surcos, asomarnos a la perfección, intuir dimensiones sublimes y atisbar el porvenir desde una atalaya de sueños, como mariposas recogidas que despliegan sus alas.

Se trata de entretejer las redes de circunstancias, personas, azares, en fin, de estrechar el pasado con lo que nos afecta, hasta dar al presente un margen de aventura amplio, sagrado y ojalá misterioso.

E imaginar la eternidad como círculos concéntricos que orientan la consciencia hacia aquél punto del alma que contiene -apretados- todos los horizontes, susurrando una vieja canción de libertad.

Es un cultivo intelectual que sólo se cosecha en las raíces del pensamiento, la pureza de las ideas y el palpitar de un corazón que procure decisiones espirituales colgado -sigilosamente- de una telaraña sabia.

Y esa evolución se convierte en delicia cuando uno comienza a entender su destino, a aliarse con él y a hacer, de lo que antes parecía insólito, el inicio de una ceremonia de relevos sustanciales.

Así, al pensar con originalidad y sensatez, se siente menos frágil y vacío, asimila el reflejo de la eternidad, se valora y se dispone a hallar su verdad personal, en la génesis de su propia identidad.

El secreto es percibir los instantes en que cambian los ciclos del tiempo y todo se vuelve distinto, prever las señales supremas para transformar unas cosas y engendrar otras, captar la magia de lo universal.