Escuchar este artículo

Señales de alarma

Domingo, 21 de Junio de 2015
La inmoralidad se adueña de todos los estamentos de la nación, y parece que no hay conciencia de la grave situación.

Colombia está pasando por un azaroso tiempo con signos de una descomposición preocupante. La inmoralidad se adueña de todos los estamentos de la nación, y parece que no hay conciencia de la grave situación.

Si miramos la venalidad de la justicia, la corrupción oficial, la violación de los derechos por los propios ciudadanos y la violencia injustificada podemos descubrir el peligro en que estamos. Algunos ejemplos:

PERVERSIÓN DE LA JUSTICIA. La recta y cumplida justicia es el fundamento de la paz y el progreso de una nación; sin embargo, aquí tenemos manifestaciones de un envilecimiento aterrador de los órganos que la imparten, tanto que se dan casos como el de la Fundación de Víctimas de Falsos Testigos, creada por el ex diputado del Valle del Cauca Sigilfredo López para defender a los ciudadanos judicializados con base en testimonios mentirosos.

Las sobrecogedoras declaraciones de la periodista Jineth Bedoya, secuestrada, violada y vejada ante la impunidad de la fiscalía, es un ejemplo de que sólo el clamor ciudadano apoyado por los medios de comunicación logra la actuación de la justicia.

“Por eso, me seco las lágrimas y les hago una invitación a todos y todas mis colegas periodistas, como sobreviviente de violencia, para que, así como me rodearon a mí y lograron sacudir la inoperancia de la Fiscalía, les demos voz a otras mujeres, completamente anónimas, que merecen que sus casos también sean escuchados. Jineth Bedoya” ( El Tiempo,  11 de junio de 2012)

La persecución a ciudadanos por sus opiniones, que parece sólo una práctica de las dictaduras, se da en Colombia. En la edición de El Tiempo del 25 de mayo pasado, refiriéndose a la columnista María Isabel Rueda, se lee: “La periodista, además, le pidió al fiscal general Eduardo Montealegre que deje de perseguir a las personas que cumplen con su oficio y están protegidas por la Constitución y la ley”.

Impartir justicia con parcialidad política, que tiene ejemplos odiosos en Venezuela, también se está dando en nuestro país.

Plinio Apuleyo Menoza escribió en su columna del 4 de junio en El Tiempo: “Detrás de esta conjura se ve la mano negra de una Fiscalía que se ha propuesto acorralar con toda clase de artimañas, incluyendo falsos testigos y testimonios amañados, a los más cercanos compañeros de Uribe. De otra parte, la Corte Suprema de Justicia se ha encargado de unirse a tal empeño con cuestionables condenas sin recurso alguno de apelación, pues sus fallos son de única instancia”.

CORRUPCION OFICIAL. Al acercarse las elecciones regionales se conocen prácticas inaceptables en el afán por hacerse a los cargos de elección, que han convertido a los departamentos y municipios en verdaderos botines de guerra.

El enorme costo que han cobrado las campañas conduce a que se utilicen los presupuestos para resarcirse de los dineros gastados en ellas. Hay casos de venta de los empleos oficiales, de entrega de contratos a los financiadores de las elecciones, del cobro por beneficios fiscales etc., ante una ciudadanía que ve con asombro que la deshonestidad se apodera de todo.