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Un 20 de julio inolvidable

Domingo, 25 de Julio de 2021
Un 20 de julio inédito, un discurso histórico por la indignación que generó y una ovación lógica y “justa” de un Congreso que está tan desconectado de los colombianos, que en el 2022 tendrá el mismo rechazo que el Presidente y su partido.

El pasado martes se celebró un año más del grito de independencia y en esta oportunidad vimos diferencias con la tradición. El Congreso por primera vez en su historia instaló su nuevo periodo muy temprano, casi a escondidas del país, para evadir las protestas ciudadanas y reforzar el mensaje anti democrático de que se encuentran totalmente de espaldas al país.

Además, prohibieron la entrada de la prensa al Capitolio. Confirmaron con esa actitud las razones del rechazo de más del 85% de los colombianos a una institución que en el último año y medio se encerró en la burbuja del zoom y no entiende la grave crisis que vivimos. Además, el desfile militar se realizó en instalaciones del ejército nacional. Este 20 de Julio no respiramos el fervor de la fiesta patria, sino un clima de crisis, incertidumbre, temor y confrontación. 

El plato principal de la inédita jornada fue el discurso presidencial. Generalmente los presidentes de turno aprovechan la ocasión para presentar un balance el país de lo realizado por su gobierno en el año anterior. Es comprensible, que los jefes de estado exageren los logros obtenidos y minimicen problemas y dificultades. Es casi que obligación del líder inyectar una dosis de optimismo a una nación que atraviesa dificultades muy serias. 

Pero en esta ocasión Duque se pasó. Con muy buen tono y una actitud adusta, el Presidente se dedicó a mentir en cada párrafo y cada línea de su discurso. Habló de un país muy distinto al que tenemos hoy. Como si el hambre no acosara en el último año a más de 20 millones de compatriotas. Como si la vacunación no se hubiera demorado por la negligencia oficial en la adquisición de las vacunas, y por cuenta de ello no estuviéramos desde hace meses encabezando la tabla del ranking en número de contagios y muertes diarias. Como si el desempleo no estuviera en más del 15%, por encima de economías similares del continente como México, Chile o Perú. Como si la pobreza no llegara nuevamente a niveles de hace 15 años. Como si no tuviéramos las movilizaciones sociales más grandes en décadas, lideradas por miles de jóvenes que no ven oportunidades de educación y empleo digno para su futuro. Como si en esas manifestaciones no se hubieran cometido excesos y atropellos a los derechos humanos registrados por todos los organismos internacionales, que costaron la vida a decenas de jóvenes, que no fueron precisamente asesinados por los “vándalos” como afirmara sin ruborizarse en la ONU nuestra flamante Vicepresidenta-Canciller. 

Es tal la distancia entre el país del que nos habló el vocero del uribismo en el gobierno y la realidad nacional de los últimos meses, que el desconcierto es gigante y no entendemos si ese indignante discurso es fruto de su total desconexión con la gente, o de una actitud cínica sin antecedentes. Ni una sola mención a las víctimas mortales de las protestas. Su ausencia de empatía con la gente es aterradora y el déficit de diálogo social enorme. Hace un llamado a dejar atrás los odios, mientras ataca con ferocidad a la oposición, se retira del recinto para no escuchar su réplica e insiste en estigmatizar la protesta y hacer trizas los acuerdos de paz. 

Al ponderar la democracia colombiana olvidó mencionar que por cuenta del talante autoritario de su gobierno, los asesinatos de líderes sociales, las muertes de jóvenes en las protestas y su negativa a implementar en forma integral el acuerdo de paz, Colombia pasó en 5 años de ser niña bonita de la comunidad internacional a la novia fea, en un retroceso de 20 años en nuestra imagen ante el mundo. 

En fin, un 20 de julio inédito, un discurso histórico por la indignación que generó y una ovación lógica y “justa” de un Congreso que está tan desconectado de los colombianos, que en el 2022 tendrá el mismo rechazo que el Presidente y su partido.