Un gran bostezo

Sábado, 8 de Mayo de 2021
Los extremistas y el crimen organizado, usualmente apoyados por algún estado autocrático, entendieron que una forma de guerra irregular.

Desde los fracasos estadounidenses en Vietnam y Afganistán, así como el de la Unión Soviética en ese mismo país, el concepto de los ejércitos ha ido evolucionando hacia fuerzas especiales, pequeñas unidades de especialistas militares, que logren penetrar en territorios enemigos y atacar objetivos cruciales. Son también entrenados para relacionarse con la población civil; son una mezcla de guerrero y negociador o incitador de conflictos. La guerra irregular marca los conflictos armados actuales. 

Los extremistas y el crimen organizado, usualmente apoyados por algún estado autocrático, entendieron que una forma de guerra irregular contra sus enemigos era aprovechar las debilidades que se crean en estados garantistas, de democracia débil y desarrollo económico bajo, que ellos utilizan a su favor, para producir inestabilidad permanente, hasta lograr capturar el mayor número de estados autocrático-mafiosos. Es una estrategia bien montada, y probada.

El planteamiento Venezuela frente a Colombia es un caso de guerra irregular donde la unión siamesa entre el narcoterrorismo colombiano y el régimen mafioso de Venezuela, han creado una fuerza común contra el país, aprovechando nuestra debilidad institucional y el sesgo proizquierdista que crearon los acuerdos Santos-farc, y la apertura total e incontrolada de la frontera colombiana a la diáspora venezolana, que le ha permitido a la alianza anticolombiana infiltrar fuerzas especiales venezolanas y cubanas para mantener una asonada permanente y provocar inestabilidad y fracaso del gobierno. Hay un justo reclamo ciudadano, y este se usa para su estrategia de guerra.

Se esperaba que la guerra con Venezuela fuera el clásico movimiento de fuerzas militares, pero nos dimos cuenta esta semana que va a ser en nuestras calles. Los quintacolumnistas, en particular, don Iván (Iván Cepeda) ya está “denunciando” que el gobierno quiere acudir a la conmoción interior para controlar las “justas luchas populares”, afectadas por unos “desadaptados”. Don Iván y sus muchachos saben que ninguna guerra se puede ganar en el marco de leyes de “paz”, por lo que deben neutralizar la legítima fuerza del estado. Y cuentan con apoyo de organismos multilaterales, con funcionarios de esta ideología izquierdista.

Pero la solución depende de lo que se crea. ¿Cree Usted que hay una alianza entre Venezuela, las farc y el eln, para “liberar” a Colombia? ¿Cree Usted que, en el país y en el estado, hay quintacolumnistas unidos a esa alianza? ¿Cree Usted que los “desadaptados” actúan “espontáneamente” o están dirigidos? ¿Usted considera que esto es una estrategia para tomarse el poder? ¿Cree que el narcotráfico tiene que ver en todo esto? Si Usted cree que no hay motivos para creerlo, solo espere un cambio de gobierno a ver que sale. Para Usted esto es coyuntura, nada estructural.

Si Usted, por el contrario, cree en la certeza de lo planteado, la guerra con la alianza anticolombiana ya empezó y perdimos la posibilidad de la ofensiva. Nos queda defendernos con todos los mecanismos que tengamos para buscar ganar esta guerra contra Colombia. Es el momento de neutralizar los quintacolumnistas estén donde estén, devolverles a las fuerzas de seguridad y militares su dignidad y función, y la ley de conmoción interior debe ser solo el primer paso, no el último. Pero debe ser una guerra útil, debe permitir la reforma total del régimen, que empieza por la reducción sustancial del tamaño del estado para que no sea un pozo sin fondo de destrucción de recursos, abandonar la economía extractiva y recuperar los verdaderos principios de la democracia liberal, enderezando la actual jurisprudencia, tirada hacia lo colectivista. Y los recursos que se recuperen del gasto desaforado, que se inviertan en infraestructura y en transformar el sistema educativo para que sea un nivelador social y no un productor de desadaptados. Es una guerra en dos frentes internos: uno contra un régimen semifeudal extractivo y el otro contra el ataque socialista. Casi nada. 

Pero lo peor es perder la guerra sin darnos cuenta qué la teníamos, simplemente por estar adormilados, perderlo en un gran bostezo.