Un modelo alternativo

Viernes, 29 de Enero de 2021
La motivación es bastante clara: evitar que monstruos comerciales como librerías de cadena, supermercados o Amazon distorsionen el mercado con descuentos inigualables que logran amortiguar gracias a los esteroides de su músculo financiero.

Madrid – Sin saberlo, los lectores del mundo tienen en su lista de pendientes una importante misión de la que depende el futuro de la literatura: evitar que Amazon se convierta en el único librero del planeta. La lucha por la supervivencia de las pequeñas librerías independientes es una pugna diaria que se define libro a libro y en la que cada nueva venta da minutos de oxígeno a estos, los últimos refugios físicos de la lectura en los tiempos digitales que nos acosan.

Siendo altamente conscientes del gran tesoro patrimonial que estos templos literarios representan, los españoles se han tomado muy en serio su defensa y preservación desde hace décadas. Una de las medidas de protección más importantes que ha trascendido en el tiempo, aunque no se encuentra exenta de polémica, es el llamado “precio fijo”, una innovación de 1975 que hoy comparte con varios países europeos como Francia, Alemania, Portugal u Holanda, y que sigue siendo el sistema imperante en la última reforma de 2007 a la Ley del Libro.

Según este modelo, el editor u importador de un texto tendrá libertad para establecer el precio final de venta al público, el cual tendrá que ser respetado por todos los vendedores que realicen la primera venta del mismo, con la libertad de establecer un descuento máximo del 5%. La motivación es bastante clara: evitar que monstruos comerciales como librerías de cadena, supermercados o Amazon distorsionen el mercado con descuentos inigualables que logran amortiguar gracias a los esteroides de su músculo financiero.

Para el legislador español, una vez eliminada la variable del precio, hasta las más pequeñas librerías de barrio tendrán la cancha nivelada para competir, incluso contra el mismísimo Jeff Bezos, ofreciendo valor agregado con tertulias, talleres, cafetería, asesoría y otras muchas actividades que proliferan en las librerías de España. Una convicción que ha sido respaldada por múltiples fallos de la justicia y en los que se han desmantelado esquemas de acumulación de puntos redimibles o rebajas de precio encubiertas.

El más destacable de éstos, emitido el año pasado por la Audiencia Provincial de Madrid, le dio la razón a una confederación de libreros que demandó a Amazon por competencia desleal tras siete largos años de litigio. En la demanda se alegaba que cierta promoción de esta plataforma que otorgaba bonos de 5€ por cada 20€ gastados en libros constituía una práctica contraria a la política de precio fijo, ya que dicho crédito podía aplicarse a cualquier producto del catálogo de Amazon, incluyendo, por supuesto, libros.

Si bien, de momento, Amazon no es una amenaza para las pequeñas librerías de Colombia, su desembarco en el país es inminente y, por ello, es una responsabilidad ineludible analizar la experiencia de mercados editoriales más desarrollados en busca de buenas prácticas que podamos adaptar con éxito. El sistema de precio fijo es uno de esos modelos alternativos que valdría la pena estudiar, valorar y, por qué no, experimentar un día de estos. Si por omisión dejamos que nuestros libreros independientes desaparezcan, una parte esencial de nuestra cultura literaria morirá con ellos.

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