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Una espiga con nombre de hotel

Domingo, 31 de Mayo de 2015
Es un hotel para todos; para mí, no: es una espiga, o un verso, un corazón o una quimera.

Cualquiera de los pájaros migratorios que se pose en la terraza del Holiday Inn, silbará una tonada de caminos, porque Cúcuta es la historia de una canción de pasajeros de la nostalgia que han cruzado por sus valles hacia no se sabe dónde, de ida o de regreso, porque han soñado, como Raúl, en sembrarse alguna vez en la tierra o, como yo, partir en las nuevas migraciones hasta la lejanía, donde está la luz del tiempo.

¡Cuántas veces le oí hablar del hotel!, desde hace años, así como de otras cosas inmensas, de esas que sabe hacer: cómo batalló por esa aventura a pesar de los obstáculos, de las personas, de las inconsistencias de una frontera incierta y temida, de las voces clásicas agoreras y cucuteñas, plañideras de conformismo.

Ahora, en la emoción de colores de un arrendajo, o un turpial, o un toche, los pájaros embajadores de Cúcuta saldrán a repetir a los demás, a los que vuelan por las corrientes, que hay una nueva estación de descanso, que allí se halla una esperanza por contar y que las sombras del tiempo y del espacio se conjugarán para acariciar con ternura el viento de la ciudad. Otros vendrán del Cesar, a componer un vallenato a Raúl y a enseñarle, por fin,  a tocar la caja, o a versear, porque en el fondo de su alma es un romántico pleno.

El hotel fue creciendo como una huella airosa y se alzaba, en silencio, para no mostrarse tanto hasta que la cumbre recibiera la aprobación de los pájaros: era como ir escribiendo en el aire la calidez de una ilusión, lentamente, respetuosamente,  para prolongar el alma en lo celeste.

Es un hotel para todos; para mí, no: es una espiga, o un verso, un corazón o una quimera, así es, porque no es una estructura sino una red de mariposas volando a los confines del porvenir, hacia el eco universal de la vida, la que se escucha en los cantos de los pájaros por doquier.

Se envolverá el hotel de auroras y crepúsculos, de horas y de encantos, de duendes y hadas, de todas aquellas cosas bonitas que son el reflejo de lo que hay en la gente buena, como Raúl.