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¿Una paz triste o difícil?

Sábado, 20 de Agosto de 2016
El retrato más diciente de la Colombia del posconflicto, de aquella Colombia olvidada desde hace muchos años, fue la nota del Espectador del pasado viernes que se titula “ La tierra del olvido”.

El pasado jueves estuve escuchando en la librería Luvina del barrio La Macarena de Bogotá, lugar lúdico visitado por escritores e intelectuales, a uno de los colombianos mejor informados en el tema de la paz, que participa directamente de los diálogos en La Habana y que votará decididamente por el SÍ; me refiero a León Valencia, el hombre que en la decada de los 80 abandonó las filas del Eln porque creyó que era más probable encontrar la paz de Colombia lejos de las filas de la guerrilla. El diálogo auspiciado por el escritor Carlos Torres que en los próximos días nos entregará una nueva novela que nos llega mucho por acá, porque narra un encuentro en París entre Jorge Gaitán Durán, Alejandra Pizarnik y Cortázar, inició recordándole a León Valencia, que en ese mismo sitio, hace 2 años, le preguntó sobre lo que él pensaba de la paz en Colombia, y León dijo que venía una paz muy triste. Ahora, y está comprometido con ella, la ve difícil.

Así como León Valencia es uno de los colombianos que sabe hoy más del proceso de paz en Colombia, Eduardo Sarmiento, columnista del Espectador, es de los que más saben de economía. En una reciente columna se refería a los indicadores de nuestra economía, y señalaba como el mismo banco de la república había rectificado la tasa de crecimiento de la economía para este año y el próximo por debajo de 3 puntos, lo cual indica, decía el economista, la amenaza de crisis de muchas empresas y sus secuelas como el desempleo. Si a esta realidad se agrega otro indicador que por estos días se ha mantenido por obvias razones un tanto escondido, la de que nuestras reservas de petróleo únicamente nos alcanzarán por 5 años más, indican, que lo que se nos viene no será fácil, y eso sin considerar la reforma tributaria que se avecina. La realidad incontrovertible que tiene el posconflicto es que los meses que vienen después de los acuerdos de La Habana nos encontrarán con las arcas vacías, el gobierno sin dinero. Por ello seguramente es que hace 2 años León Valencia hablaba de una paz triste, y hoy, de una difícil, pero que a pesar de todo, había que intentarla.

El retrato más diciente de la Colombia del posconflicto, de aquella Colombia olvidada desde hace muchos años, fue la nota del Espectador del pasado viernes que se titula “ La tierra del olvido”, en la que a letra textual indica “Chocó cumple tres días de paro cívico contra el abandono estatal. Protestan por las mismas razones que derivaron en sus históricas movilizaciones de los últimos 60 años: falta de vías, atención en salud y servicios públicos”. Rescatar esas zonas olvidadas ancestralmente del país, como el Chocó, el Catatumbo, o aquella de los niños de La Guajira que en el siglo XXI mueren de hambre, es el gran reto de la Colombia del posconflicto, y el gran problema, que a pesar de que tendremos alguna ayuda internacional, y así como trataremos de encontrar algún dinero con la reforma tributaria, en todo caso será insuficiente, y por ello la gran encrucijada del posconflicto es la economía. Por ello tendremos una paz difícil que por eso mismo, puede ser hasta triste.

Hubo un dato de León Valencia que muestra la magnitud de nuestra economía informal: en la explotación ilegal del oro Colombia mueve más de 7 billones de pesos año, 3 veces más que la coca. La informalidad ocupa un gran espacio de nuestra economía, y esa informalidad que podrán tomarse algunas zonas de concentración es otro reto, por ello creo que si bien Santos ha hecho un gran esfuerzo para conseguir la paz en colombia, su error, como decimos coloquialmente, lo que hizo con la mano lo borró con el codo, su gran error fue haber descuidado la economía, y por vamos a tener paz, pero triste. Mientras todo eso sucede en el país, pronto escucharemos a Carlos Torres con su libro sobre la vida de Alejandra Pizarnik.