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Una religión incubada en la barbarie

Viernes, 12 de Agosto de 2022
Hoy se llama desaparición forzada, falsos positivos, reclutamiento de menores, desplazamiento, corrupción, depredadores del erario público, etc. 

Ríos de tinta han fluido desde el invento de Gutenberg cuando se le ocurrió la  genial idea de expresar en el papel los dictados del pensamiento. Desde antes, por supuesto, el ingenio humano ya se las había arreglado para plasmar ideas, pensamientos, ocurrencias; en piedra, en arcilla, pergamino y toda clase de elementos posibles. 


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La inverosímil historia de las religiones, pensamientos, tendencias y ocurrencias celestiales (porque todas vienen de arriba) ha sido plasmada y acumulada a través de los tiempos y mantenidas de una y otra forma para ser usada en beneficio de predicadores, pastores, clérigos, pontífices, políticos, dictadores y un largo etcétera. 

A partir de una tierna y sangrienta historia aderezada con azotes, corona de espinas, viacrucis, crucifixión y muerte lenta, creció una tendencia ideológica de sufrimiento y reivindicación a través del mismo. 

Con ese tierno cuento tienen a media humanidad postrada de rodillas y temerosa de un poder “divino” que en cualquier momento puede usar toda su formidable fuerza y derrotar el “mal”. 

La misma tendencia ideológica del amor y el sacrificio es la que se encaramó en el poder con Constantino, el emperador romano cómplice de la barbarie que se desató a partir de entonces. Los seguidores del recién creado cristo pudieron salir de sus escondederos (sinagogas) y anunciar a sus anchas la llegada del mesías salvador del mundo.  

De la mano del emperador y abusando de su nueva condición les quedó fácil masacrar a sus opositores religiosos a quienes llamaban “herejes”;  llevados con juicios mentirosos y espurios eran incinerados vivos para mayor temor y escarmiento. 

La inquisición (no merece mayúsculas) se llamó esa macabra máquina de muerte. Hoy se llama desaparición forzada, falsos positivos, reclutamiento de menores, desplazamiento, corrupción, depredadores del erario público, etc. 

Durante la mayor confrontación armada a mediados del siglo pasado su silencio cómplice acompañó la masacre de sus contrareligionarios que murieron por millones  a manos de un régimen totalitario y cruel. 

Aún hoy el máximo jerarca viaja medio mundo a pedir perdón en el norte frío del continente por sus excesos y sus prácticas irracionales queriendo acabar con culturas ancestrales e imponer las que siempre ha considerado únicas y verdaderas. 

Las religiones han estado al servicio, desde tiempos inmemoriales, de los poderosos que las han utilizado para sojuzgar, esclavizar y para  satisfacer su desaforado egocentrismo. 

Una religión traída desde el otro lado del mundo, con sus tiernos y sangrientos episodios no debería ser la que marque nuestro pensar auténtico y criollo. Tenemos a Bochica  y  Bachué, más nuestros y propios. 

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