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¿Y la vacuna contra el virus de la pobreza?

Sábado, 1 de Mayo de 2021
Un pueblo con hambre es terreno fértil para la violencia, el descontrol y el autoritarismo de cualquier color.

1,6 millones de hogares redujeron a dos sus comidas diarias. 2,7 millones de personas en Colombia pasaron a la pobreza extrema y son más de 21 millones quienes se catalogan en pobreza monetaria.

En enero la población desocupada fue de 4,2 millones de personas y cerca de la mitad de los trabajadores está en la informalidad. Más de 2 millones de adultos mayores carecen de alguna protección económica. Y un millón de mujeres perdió su trabajo, frente a enero de 2020.

Si la pobreza y la inequidad eran los virus recurrentes en América Latina hasta el 2020, la pandemia ha acelerado la capacidad de contagio e incrementado su letalidad.

La vacuna para prevenir la pobreza no llega de otras latitudes. Se requiere con urgencia en el país un plan de inmunización contra ese virus letal, que afecta sistémicamente a la sociedad y ahoga lentamente la democracia.

Un pueblo con hambre es terreno fértil para la violencia, el descontrol y el autoritarismo de cualquier color.

Sí que se necesita un liderazgo innovador, generoso y fuerte, que oriente a la sociedad por un camino de grandeza. Se requieren mensajes positivos sobre la posibilidad de salir avante de la crisis.

Ello supone esencialmente capacidad de escuchar y dialogar, para materializar un acuerdo nacional por el futuro.

Cuando los planes de desarrollo se hicieron trizas por el Covid-19, el país y los territorios demandan su reformulación, mediante pactos sociales y políticos que muestren un camino gradual e integral hacia la recuperación.

Planes de reactivación y cambio con el aporte de todos, en los que se incluyan ponderadas aportaciones tributarias, como también ahorro público, manejo del endeudamiento, ajustes al modelo económico, participación del sector financiero y, especialmente, compromisos ciertos por la productividad, el trabajo decente y la protección social universal.

Se trata de construir rápida y concertadamente una hoja de ruta que vincule a todos los sectores. Una propuesta de mínimos en la que haya acuerdos, pese a las diferencias ideológicas, que sea conocida y apropiada por la ciudadanía.

En esa apuesta de futuro, Colombia está llamada a reinventar su sistema de protección social, como antídoto insustituible para combatir la pobreza y la inequidad.

Eliminar la segregación entre trabajadores formales con seguridad social – una mínima proporción con pensión – e informales con subsidios. Construir una sociedad en la que todos aporten, según sus capacidades, y todos accedan a la protección pública, según sus necesidades.

Retos como establecer la renta básica universal, estructurar subsidios por la generación de puestos de trabajo y fortalecer el servicio público de empleo, a la vez que reinventar el subsidio familiar, no dan espera y son la medicina para evitar entrar en UCI.

Ese acuerdo que inmunice contra los letales efectos de la epidemia de pobreza por la que atraviesa la sociedad, requiere de disciplina colectiva, de generosidad y de autoridad.

A diferencia del Covid-19, la vacuna está en nuestras manos. Colombia se sobrepone siempre frente a las adversidades. Este es el momento de demostrar su fuerza vital y abrir camino para la maltrecha región. ¡Manos a la obra!
 

Juan Carlos
Cortés González
columnista

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