Y para terminar, los Reyes

Martes, 5 de Enero de 2021
 Los tres o cuatro o seis estudiosos y ricachones.

A ciencia cierta, nadie sabe cuántos eran los llamados Reyes Magos, que visitaron al Niño Dios, recién nacido. La Iglesia dice que eran tres: Gaspar, Melchor y Baltazar. Los evangelios apócrifos dicen que eran cuatro. Y algunas leyendas árabes aseguran que eran seis. 

Lo que sí parece seguro es que de reyes sólo tenían la corona. Pero corona cualquiera se pone, hasta los virus. Eran astrólogos, dedicados a la ciencia de los astros, cuyas rutas conocían como las palmas de sus manos. Tal vez porque sabían mucho eran considerados reyes de la ciencia.   Y seguramente tenían su grupo, algo así como de wassap, porque vivían en continua comunicación. Por eso un día se comunicaron para decirse que había en el cielo fenómenos extraños, una estrella nueva había aparecido, lo cual indicaba una señal de que algo raro estaba sucediendo en la tierra. Estudiaron pergaminos antiguos, buscaron mapas, libros de profecías y revistas viejas de las que se encuentran en consultorios de médicos y yerbateros, y  llegaron a la conclusión de que había nacido un rey, un rey de verdad, no un rey chimbo como ellos.

Así las cosas, los tres o cuatro o seis estudiosos y ricachones, organizaron un viaje, según la ruta que les trazaba la nueva estrella, para ir a conocer al Niño.    Armaron viaje, compraron camellos porque la travesía sería por el desierto, contrataron peones, compraron finos y costosos regalos como correspondía en la visita a un rey, y partieron desde sus distintos lugares. 

No se conocían entre sí, pero fijaron  un punto de encuentro en el oasis “Las Mercedes”, a donde estarían arribando el primero de enero.   De allí partirían a Jerusalén, donde le pedirían información al rey Herodes  sobre el sitio preciso donde habría nacido el Mesías.

Por motivos que aún no conocemos, al oasis sólo llegaron los tres “reyes” ya mencionados. Los otros magos o se perdieron en el desierto, o los secuestró la guerrilla, que ya las había, o se quedaron en alguna taberna celebrando el Año nuevo, y por el guayabo o porque aún la tenían viva, no llegaron a tiempo. 

De manera que a los tres primeros les fue concedida la gracia de llegar al pesebre y conocer al Divino Infante y entregarle sus presentes: oro para que compraran pañales, teteros y camisitas de las que el recién nacido estaba escaso, y lo que les sobrara, para sus gastos de viaje del regreso, el avío, la posada e imprevistos. Les llevaron también unas libritas de incienso y de mirra para los sahumerios de la buena suerte.

Llegaron a tiempo, el 6 de enero de ese año (mañana hará un jurgo de años),  porque los pesebres duran hasta el 6 de Reyes. Finalmente hay que decir que  estos tres magos, por bocones, fueron los culpables de la pandemia que se desató en ese entonces. Resulta que ellos le dijeron a Herodes que por allí cerca había nacido otro rey y que ellos iban a visitarlo. Más se demoró Herodes en saberlo que en empezar la matazón de niños para que entre ellos cayera el nuevo Rey. Se salvaron de chiripa; José, María, la burrita y el Niño tuvieron que salir de noche y meterse por las trochas, huyéndoles a los colectivos que los buscaban para darles materile.

Esta es la reseña histórica, no confirmada, de la visita de los tales reyes, que mañana celebramos para ponerle fin a estas festividades de navidad y año nuevo. Lo malo es que este 6 de enero no habrá fiestas, ni disfrazados, ni tomata. El Covid sigue volando bajo.       

gusgomar@hotmail.com