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Inseguridad, consumo de drogas, aguas negras: males que aquejan a El Callejón

Lunes, 8 de Febrero de 2021
Para la comunidad no hay tranquilidad a ninguna hora del día, pues la delincuencia, los habitantes de calle, consumidores de drogas y el microtráfico de estupefacientes se mantienen activos 24/7.

Concebido cual emblema cucuteño, en 1961, durante el mandato del entonces presidente Alberto Lleras Camargo y del alcalde Luis Raúl Rodríguez, se dio inicio a una megaobra que se extiende a lo largo de 15 kilómetros por 24 barrios de Cúcuta, en un imponente diseño y arquitectura a la que, según los habitantes de este sector, no se le ha dado el mejor manejo: el Canal Bogotá.

Este lugar es hoy foco de problemas sociales y ambientales que aterrorizan a la ciudadanía, ante la inseguridad y el pútrido hedor de las aguas negras que ni el uso de doble tapabocas logra minimizar.

Y esa es la gran lucha diaria a la que se enfrentan los habitantes del barrio El Callejón, el más pequeño de todos los de la Comuna 1, y de los más centrales de la ciudad.

La fundación de El Callejón se remonta a tiempos anteriores al gran terremoto que asoló las calles de Cúcuta el martes 18 de mayo de 1875, a eso de las 11:15 a.m, y aunque algunas de sus casas se destruyeron, lograron ser recuperadas en el plan de reconstrucción ciudadana, cuando el cabildo presidido por don José Agustín Berti se trasladó en enero de 1876 a este barrio en la “nueva ciudad”.

La mayoría de lotes en este sector fue adjudicado a las personas que se les comprobaba que carecían de techo y de los medios necesarios para adquirir uno después del terremoto. 

Durante mucho tiempo, hace alrededor de 80 años, era recorrido por la locomotora, en su camino a la próxima estación desde la oficina principal del ferrocarril que estuvo ubicada en la esquina de la avenida 7 con calle 8. 

También fue en El Callejón donde funcionó la primera cárcel Modelo de Cúcuta, hasta que se trasladó al barrio El Salado. Hoy estos terrenos son ocupados por el Centro Comercial Las Mercedes.

Dentro de su delimitación se encontraba la Terminal de Transportes, hasta que esta parte fundamental de la historia del barrio fue desligada con la construcción de una nueva central.
Ahora, importantes acontecimientos históricos de El Callejón son invisibilizados ante las crecientes problemáticas.

En emergencia sanitaria

Según dio a conocer la comunidad, en días pasados el presidente de la Junta Administradora Local (JAL), Álvaro Contreras, en compañía de la presidenta de la Junta de Acción Comunal (JAC), Maritza Rangel, interpusieron una tutela contra el municipio debido a la ruptura de unas tuberías entre los barrios Magdalena y San José.

Pero ante la omisión de las advertencias de la comunidad, terminó por reventarse una bomba y ahora el Canal Bogotá recibe más aguas negras que de costumbre, en lugar de cumplir con el propósito original bajo el que fue construido: retener las aguas de lluvia.

“La contaminación y el aspecto del Canal Bogotá ahora dan vergüenza. Hacemos un llamado a la administración y a la ciudadanía para que juntos salvemos el Canal Bogotá, que en este momento se encuentra en cuidados intensivos”, expresó Álvaro Contreras, presidente de la JAL.

El líder comunal también agregó que este no es un problema nuevo, sino que viene desde administraciones pasadas, y si no se atiende ahora, ya luego no habrá salvación. 

“Queremos una comuna con mejores opciones para una mejor calidad de vida, en la que constantemente se hagan limpiezas y mantenimiento al Canal y nosotros los ediles podamos hacer veeduría”, agregó Contreras.

A raíz de esta contaminación y la pérdida de aire limpio, adultos mayores y pacientes con problemas respiratorios han tenido que pasar por alto su historia ligada a El Callejón y abandonar el lugar que los vio crecer.

Incertidumbre diaria

Como aseguran los habitantes, ahora no hay tranquilidad para dormir ni de día ni de noche. No desde que a Álvaro Contreras le robaron la reja de su casa. La delincuencia, los habitantes de la calle, los consumidores de drogas y el microtráfico de estupefacientes, latentes en las oscuras profundidades del Canal, los mantienen en zozobra durante las 24 horas del día.

Pero es en las noches cuando la inseguridad se dispara como un animal al acecho. Ni en cicla ni a pie hay tranquilidad. La falta de iluminación hace que anden a ciegas entre los peligros de la ciudad. Exigen la presencia permanente de un Comando de Atención Inmediata (CAI), y no uno pasajero como ha sucedido en administraciones anteriores.

Desde antes de la pandemia habían solicitado la instalación de señalización, postes cada cuarenta metros por ambos carriles y reemplazar las bombillas quemadas de los faros ya existentes, y hasta el momento no han obtenido solución.

¿Quién responde?

El Callejón se encuentra catalogado como estrato 3 y sus vecinos pagan alrededor de $1’300.000 de impuestos al año, un monto que aseguran es injustificado para tantos problemas y angustias. 

Tras las quejas crecientes, el alcalde Jairo Yáñez recorrió el sector junto a la empresa de aseo Veolia y personal del municipio, y allí reconoció que estos problemas necesitan atención inmediata y una profunda sensibilización de habitantes, comerciantes y chatarrerías que violan el espacio público.

“La intervención en el Canal Bogotá es un trabajo ambicioso de múltiples propósitos. Hay tres escenarios: social, físico y ambiental, en los que se convoca a Gobierno, Seguridad Ciudadana, Salud, empresa de aseo y Aguas Kpital. Hemos iniciado un trabajo articulado en el que se tratarán estos problemas”, explicó Yáñez.

Con la Secretaría de Infraestructura buscarán desarrollar manuales de trabajo para unir a estos sectores. Por su parte, la Secretaría de Seguridad identificó 17 puntos de intervención, mientras que el problema físico será coordinado por el ingeniero Fernando Ospina, quien trabajará de la mano con las empresas de Alumbrado Público, Veolia (Aseo Urbano) y Aguas Kpital. 

El alcalde también agregó que impulsarán los centros de escucha para tratar a las personas en condición de drogadicción. Estos sitios se esperan inaugurar en los próximos seis meses en el barrio Gaitán y tendrán cupo para al menos 200 personas.

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La comunidad no se siente segura a ninguna hora del día. / Luis Alfredo Estévez/ La Opinión
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