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Las madres del mercado, madrugadoras y luchadoras

Domingo, 30 de Mayo de 2021
Ceci, Osiris, Daineline y Patricia hacen parte de la historia de mamás que laboran en la Central de Abastos de Cúcuta, quienes intentan equilibrar su tiempo en el trabajo con atender a su familia.

Las actividades comerciales arrancan desde la madrugada en el mercado mayorista más importante de la ciudad. Las jornadas van hasta pasado el mediodía y de esta economía dependen cientos de familias.

Hoy en el Día de las Madres, La Opinión le cuenta las historias de cuatro mujeres que ha sabido llevar su arduo trabajo y la formación de sus hogares, fruto del esfuerzo y la dedicación.      

Ceci Abril Castellanos es una mujer de 47 años que labora comercializando frutas y verduras en el sector del galpón azul de Cenabastos. Con su trabajo, por más de 24 años, ha sido el sustento económico para su familia de cinco hijos (tres adultos y dos menores de edad).

En los años de crecimiento de sus primeros hijos fue un desafío dado su horario laboral, pero Ceci tuvo la fortuna que los hermanos mayores cuidaban de los menores, mientras ella regresaba a la casa para continuar con su rol de madre como atenderlos y quererlos.

Aunque el padre no siempre estaba presente, ella asumió en su totalidad su rol para sacar adelante a sus pequeños y, a la vez, buscar el equilibrio perfecto entre su trabajo sin descuidar un factor importante, compartir tiempo los domingos en familia.

A pesar de la llegada de la pandemia y tras cumplir con los protocolos y medidas de bioseguridad del mercado, Ceci consiguió seguir laborando en su puesto junto con sus hijos, mientras que los menores se quedaban en casa cuidándose y asistiendo a las clases virtuales. 

El proyecto que desea emprender con el tiempo es construir, en el lote donde vive, un apartamento a cada uno de sus hijos para tenerlos cerca y compartir muchos más instantes de felicidad.

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Patricia y Daineline son madre e hija que comparten su tiempo laboral en Cenabastos. /Fotos: Juan Pablo Cohen/La Opinión.


Vende pollo

Daineline Rubio Ochoa tiene 37 años y actualmente trabaja vendiendo pollo amarrillo o blanco. Su día laboral comienza antes de las 3:30 de la madrugada cuando se moviliza desde Los Patios hasta Cenabastos. A las 2:00 de la tarde termina su jornada y sale a recoger a su hijo de 4 años que es cuidado por su suegra.

Hace pocos años empezó a descubrir su rol de madre y esto no ha sido fácil. Los horarios de Daineline no le permiten compartir mucho tiempo con su hijo. En ocasiones, solo 3 horas diarias. 

También tiene la oportunidad de llevarlo al jardín o estar en clase virtual con el niño en los días que no trabaja, mientras tanto la abuela le colabora con las actividades o evidencias propuestas mediante la clase al subirlas a la plataforma educativa o por WhatsApp. 

Para Daineline equilibrar estos roles ha sido un desafío al tener que madrugar, trabajar y estar con su hijo. Sin embargo, también estas horas repartidas son un regalo significativo y desea estar presente en cada una de las etapas de su bebé. Esta experiencia ya la vivió en su infancia dado que su madre Patricia también laboraba en un puesto de venta de pescado. Su madre es la dueña del negocio y le ha brindado el apoyo.

Patricia durante la infancia de sus hijos tenía horarios laborales más fuertes porque debía madrugar a trabajar en la antigua sexta vendiendo pescado junto a su marido y llegar a la casa después de las 5 de la tarde para compartir el poco tiempo. Sin embargo, este reto forjó que sus hijos aprendieran a defenderse por sí mismos y ser independientes.

Aunque las ventas han disminuido por el tema de la pandemia, sumado a los paros nacionales o manifestaciones que se están dando en la ciudad, la actitud positiva será la herramienta clave para seguir vendiendo y compartiendo en familia.
 

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Osiris con su actitud positiva y de lucha le ha permitido tener fuerzas para continuar trabajando día a día. /Fotos: Juan Pablo Cohen/La Opinión.


Bebidas calientes 

Osiris Lara Méndez es una mujer de 54 años que se dedica a vender bebidas calientes hace 20 años en las afueras de la central de abastos y junto a sus 3 hijos adultos buscan salir adelante.

Todas las noches hace las bebidas como chocolate, tinto y café con leche para salir a trabajar desde las 2:00 a 9:00 de la mañana. Luego, cuando llega a su hogar realiza sus labores domésticas y continúa con la construcción de un proyecto personal para que en un futuro pueda mantenerse activa, trabajando y sintiéndose útil.

Además de considerarse como una mujer emprendedora y luchadora, se siente muy contenta de su trabajo. Aunque en ocasiones se vuelva difícil, es orgullosa de su relación familiar.

Durante la infancia de sus hijos tuvo la oportunidad de emprender un negocio en casa y esto le permitió atenderlos con los deberes de la escuela y cuidarlos durante las etapas de crecimiento. A ellos les inculcó el valor del servicio, a ser buenas personas y a trabajar de una manera sana como Osiris lo ha hecho y se siente tan identificada.

Una experiencia fuerte que vivió en la adolescencia de sus hijos fue, en medio de una crisis económica, cuando uno de ellos le mencionó que deseaba trabajar para ayudarla a llenar con comida la nevera y salir de pobres.

Redacción | Tatiana Ballen García

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