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Cúcuta: ¿Condenados a la inseguridad?

Domingo, 25 de Octubre de 2020
Este año, a pesar del aislamiento social, la ciudad registró un aumento en el primer semestre del 25% en los homicidios.

Por: Jorge Alberto Mantilla | Polítólogo y Ph.D. en Criminología. 

Cuando de seguridad ciudadana se trata, Cúcuta es una ciudad que enfrenta retos como pocas en la región y en el mundo. 

La convergencia de una crisis humanitaria con una crisis migratoria, y ahora con las dificultades de salud pública, la hace una ciudad especialmente vulnerable, agravando la situación los altos índices de informalidad y su proximidad con la región del Catatumbo. 

En 2020, a pesar del aislamiento social decretado como consecuencia de la pandemia, Cúcuta registró un aumento en el primer semestre del 25% en los homicidios, siendo julio el mes más violento desde 2012.

Analizando el abordaje de la seguridad ciudadana y el papel de las instituciones de seguridad en el municipio, se identifican tres retos. 

El primero, la necesidad de fortalecer la capacidad de planeación y respuesta de la Secretaría de Seguridad Ciudadana; segundo, la presencia territorial permanente; por último, la coordinación entre el municipio, el departamento y la Nación.

A pesar de la difícil situación, Cúcuta no debe acostumbrarse a vivir en la zozobra como lo hizo en años anteriores. Sin embargo, redirigir la política de seguridad requiere de un liderazgo civil y técnico capaz de implementar, junto con los organismos de seguridad y justicia, las estrategias que requiere la ciudad para disminuir la violencia, controlar la criminalidad y prevenir el delito y la reincidencia. 

Es justamente ese liderazgo del que hoy carece la ciudad. Si algo se ha demostrado en estos meses es que los problemas de la política de seguridad son el reflejo de la inercia con la que se venía manejando la seguridad en la ciudad durante administraciones anteriores, en las que la Mecuc disponía y el municipio financiaba. 

Esta delegación que durante años se hizo de la política de seguridad en Cúcuta viene acompañada de la falta de transparencia en el manejo de las cifras, el uso de recursos mediáticos por parte del Comandante de Policía para aparentar el control de la situación, y la confusión que expone la primera autoridad de la ciudad entre política social y política de seguridad. 

Así las cosas, de no fortalecer la capacidad y el margen de acción de la Secretaría, es difícil que el panorama mejore. 

Por ello, es importante formalizar la creación del Grupo de Análisis de Información del Delito y poner en marcha una reforma institucional, pues la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que debería ser una de las más robustas del municipio, cuenta hasta el momento con apenas tres profesionales de planta, incluidos el secretario y el subsecretario. Este tipo de equipos técnicos son determinantes para fijar estrategias propias, entender el día a día de las dinámicas de inseguridad e ir ajustando, con la flexibilidad y la pertinencia necesaria, las acciones a implementar. 

Asímismo, son esta clase de capacidades las que permiten producir la evidencia necesaria para evaluar si los servicios sociales en los que de acuerdo con el Alcalde, se centrará la gestión del nuevo Secretario de Seguridad funcionan o no. 

Otro aspecto esencial de la recuperación del rumbo en materia de seguridad en Cúcuta es la capacidad de intervenir el territorio. 

El Plan de Desarrollo dejó unas bases solidas sobre las cuales desarrollar estas capacidades a través de la estrategia de Territorios de Alta Complejidad, en la cual más allá reaccionar a manifestaciones de la inseguridad, como el hurto o las lesiones personales, se busca que la ciudad recupere la gobernabilidad de zonas especialmente difíciles, como las comunas 6 y 8. 

Sin un liderazgo sólido por parte de la Secretaría de Seguridad que propicie acciones integrales de carácter interinstitucional, una estrategia que dio excelentes resultados en Bogotá tras la intervención en el Bronx, quedaría convertida en un simple refuerzo del patrullaje de la policía que ha demostrado ser efectivo solo en el corto plazo pero que no resuelve riesgos sociales asociados a la inseguridad como el deterioro urbano, el control criminal de las economías informales, o la aglomeración de consumidores de droga.

Por otra parte, esta intervención del territorio debe basarse en protocolos de actuación claros, definidos formalmente y con evidencia, de lo contrario esta presencia solo se convertirá en réditos electorales y su trabajo en nada se diferenciará de las administraciones anteriores.

Por último, retomar las riendas de la seguridad no solo significa recomponer los términos de la relación con los organismos de seguridad y justicia. Implica, además, una coordinación activa a nivel departamental y nacional, para proteger a Cúcuta de fenómenos criminales que son del resorte de la seguridad nacional y que, aunque afectan de manera directa a los cucuteños, no son competencia del municipio. Un buen ejemplo de esto es el Plan Fronterizo para el Área Metropolitana de Cúcuta, que anunció el Ministro de Defensa tras el paro armado de febrero y sobre el que nadie da razón, pues entre otras cosas un asunto tan serio, que debería ser de primer nivel y coordinado con las autoridades locales, quedó bajo la responsabilidad de un Mayor de la Policía. 

Esta articulación ha sido tímida, sin que hasta el momento el Gobierno Nacional tome cartas en el asunto.

Para terminar, de acuerdo con la coyuntura actual de Cúcuta y su área metropolitana, pretender militarizar parte de la ciudad, como remedio a la ineficacia de la Policía, sin una veeduría civil y sin tener claras las estrategias en materia de seguridad ciudadana, posiblemente dará resultados en el corto plazo y para ciertos delitos, pero no dejará de ser una acción reactiva que expondrá los derechos y libertades de la ciudadanía y donde el exceso de la fuerza será una amenaza latente. 

No es la primera vez que la ciudad enfrenta una crisis en materia de seguridad, pero ahora, con una sociedad civil más fuerte la transparencia y altura con la que se manejé la situación actual será determinante para reestablecer la confianza. 

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