De España a Cúcuta, un viaje sin protocolos

Domingo, 15 de Marzo de 2020
La Opinión les cuenta cómo fue ese vuelo que es noticia en la ciudad por la falta de controles ante el coronavirus.

Desde hace poco más de un mes en el mundo se viven momentos de incertidumbre y zozobra. Nadie entiende por qué se está dando ni quién lo provocó, lo único cierto es que estamos obligados a convivir y sobrevivir con el COVID-19 (coronavirus)

En países como China, Italia, Francia y España la situación es más compleja que en Colombia y quienes hemos pisado alguna ciudad de esas naciones sabemos cómo transcurre día tras día ese fenómeno y la angustia que se vive. 

El jueves pasado, a las 3:00 de la tarde (hora española), una funcionaria de Reporteros sin Fronteras me decía que debía alistarme porque en cualquier momento tendría que salir de Madrid (España), donde estuve 60 días en un programa de acogida temporal con otros periodistas de distintos países.  

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Aunque no quise preguntar por qué todo tan rápido, entendí que el virus que hoy invade al mundo –como si se tratara una película de ciencia ficción– ayudó a que mis inquietudes y preocupaciones fueran escuchadas y resueltas, pues desde hacía varias semanas tuve miedo al ver las fuertes medidas que el gobierno español decretaba para hacerle frente a esta crisis. 

Cuatro horas más tarde de la llegada de ese mensaje, recibí otro en donde me indicaban que ya no estaría en Madrid hasta el 9 de abril, sino que el viernes 13 de marzo, día en el que abordaría un avión con rumbo a Bogotá.

¿Cómo sería todo al llegar a Colombia?.  Por los medios de comunicación me enteré de las medidas que estaba tomando el Gobierno de Iván Duque para prevenir y frenar el avance del virus. Pensé que la entrada al país sería complicada, pues el presidente ordenó controles severos a las personas que llegaran de Europa y Asía. Incluso, temí que antes de subirme al avión dijeran que no dejarían entrar a Colombia a nadie que viniera de Italia, Francia, España o China. 

Rápidamente organicé las maletas y sin poder dormir esperé a que fueran las 5:30 de la mañana para subirme al bus que me llevaría al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, dejando atrás esos 60 días de experiencias vividas y de estudio. 

En el trayecto no dejé de pensar en los protocolos que me aplicarían al llegar a Bogotá; creí que me dejarían encerrado dentro de una carpa con otras personas que jamás había visto. 

Pero al subir al avión, empecé a encontrar sorpresas. Solamente habíamos abordado unas 100 personas, cuando cada vuelo tiene capacidad para alrededor de 300 pasajeros. La aeronave venía tan desocupada, que los empleados de la aerolínea nos pedían cambiar de sillas para estar cómodos, algo pocas veces  visto.  

Después de 10 horas, el vuelo aterrizó en el aeropuerto internacional El Dorado y ahí sentí que debía prepararme. Tomé aire y agarré mis maletas de mano, me bajé del avión y me dirigí hacia migración. 

Y me llevé otra sorpresa. Las largas filas en los cubículos de Migración Colombia para sellar el ingreso al país ya no existían. Unos cuantos colombianos esperaban turno. Mientras avanzábamos, una funcionaria me ofreció un formulario que se debía llenar con los datos personales, dirección de residencia y contestar algunas preguntas sobre el lugar de procedencia, el tiempo de permanencia en ese país y si habíamos tenido contacto con alguien que estuviera sufriendo el virus de moda.

Respondí que ya había llenado ese documento por internet, y la única respuesta de la funcionaria fue: “por favor muestra eso en el cubículo”. 

Rápidamente llegué a otro funcionario que estaba dentro de un cubículo y que tenía parte de su rostro cubierto con tapabocas y llevaba guantes. 

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Él tomó mi pasaporte y luego de pedirme que me quitara la gorra, me preguntó de dónde venía. Me pidió también el número de referencia del documento que llené por internet, una vez se lo di, lo verificó, me preguntó que cómo me sentía y le indique que mejor que nunca. 

Más adelante me encontré con una mujer de piel morena que también tenía un tapabocas, guantes, un chaleco y un aparato para tomar la temperatura. 

Ella, la mujer desconocida, hablaba una y otra vez diciendo lo mismo, que si nos sentíamos bien, que si habíamos tenido contacto con algún contagiado por el coronavirus, que estuviéramos tranquilos, al cabo de unos minutos ella me puso el termómetro en el cuello y al ver que estaba bien, me indicó que si llegaba a tener algún síntoma del virus acudiera a un centro hospitalario. 

También me dijo que no olvidara permanecer en cuarentena en mi casa. Caminé rápidamente hacia donde nos entregan las maletas. 

Como se ve, después de tanto susto por el protocolo, todo resultó ser más fácil de lo que creía. 

¿Cómo podría saber yo si había estado en contacto con algún contagiado de coronavirus en España? Al tiempo que me tomaban la temperatura, muchos otros pasajeros provenientes del mismo destino pasaron sin ningún control. 

Mi conclusión es que al momento de mi regreso, Colombia no había dimensionado lo que significa este virus, y al no tener rigurosidad con la llegada de las personas de diferentes países, quedaremos expuestos a que su propagación sea más rápida y mucho más grave. 

Regreso a Cúcuta

Finalmente, abordamos el avión y salimos de Bogotá hacia Cúcuta. Aún sorprendido por los protocolos tan débiles que hay en el aeropuerto internacional El Dorado, esperaba que en la capital nortesantandereana hubiese controles más estrictos. Pero nada. Una vez me bajé de la aeronave y seguí a recoger mis maletas, a lo lejos alcancé a ver a una enfermera con tapabocas y guantes hablando con tal cual pasajero, llenando un papel. Algunos se reían y otros solo respondían serios. En ese instante pensé: acá en Cúcuta tampoco saben a qué se enfrentan. 

(Algunos accesos fueron cerrados en el aeropuerto de Cúcuta.)

Una vez recogí mi equipaje, me subí a un taxi y llegué a mi apartamento, donde permaneceré aislado de todas las personas que amo durante 15 días, pues aunque no tengo síntomas ni nada que me indique que estaría contagiado, a todos ellos les pedí que se fueran para otra parte y así evitar cualquier riesgo. Sin embargo, ninguna institución de salud ha hecho seguimiento de mi situación.

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Solo espero que las autoridades y la misma comunidad tomen conciencia de lo que significa este virus y de lo que nos espera si no nos cuidamos los unos a los otros y acatamos las medidas de protección. 

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