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Estadounidense vino a Cúcuta a dar algo para comer

Lunes, 14 de Enero de 2019
Spencer Demetriest regaló este lunes 1.150 perros calientes, 350 pasteles, 200 papas, 100 avenas, 100 chorizos y 100 mazorcas.

Mientras Spencer Demetriest, un estadounidense de 24 años, intenta darle indicaciones de lo que quiere a su amigo, a través del traductor de Google en su celular, 4 de los 7 carros de venta de pasteles y perros calientes que acordaron estar a las 10:00 de la mañana, se sitúan  en un extremo del parque Mercedes Ábrego.

Acto seguido, se forma una larga fila de cucuteños y venezolanos a la espera de la entrega de un alimento producto de la solidaridad del extranjero.

La escena se vivió este lunes, en Cúcuta, y durante la semana pasada se repitió en tres oportunidades.

Desde entonces, los que han resultado beneficiados por el alto y robusto hombre extranjero, solo agradecen que el destino lo haya puesto aquí.

Si le preguntan al joven estadounidense nacido en Filadelfia, ¿por qué reparte comida gratis en Cúcuta? les dirá que fue producto del destino, porque realmente su objetivo era ir a Caracas.

Según cuentan los que lo han conocido estos días, cuando intentó viajar hasta la capital de Venezuela por carretera, los guardias venezolanos quisieron “montarle chaleco” y le pidieron dinero, lo que indignó al hombre, quien prefirió regresarse y quedarse en Cúcuta.

“Nos contó que su dinero no podía hacer parte de un chantaje, sino de algo que beneficiara a la gente, por eso se regresó”, dijo Jefferson Lasso, amigo y ayudante del extranjero.

“Soy solo un viajero”, respondió el hombre que además aseguró que lo que hace es debido a que su dinero tiene más valor acá. 

“Me pregunté un día ‘por qué no hacer algo donde se puede hacer más con mi dinero’”, dijo.

Y agregó que “no sabía que acá había tanta necesidad. Probablemente esté hasta que me quede sin dinero y ya no tengo mucho. Lo que hago es solo una ayuda que sé que está lejos de ser una solución, pues acá hay mucha gente hambrienta”.

Solo ayer, en los 1.150 perros calientes, 350 pasteles, 200 papas, 100 avenas, 100 chorizos y 100 mazorcas, la cuenta que pagó el benefactor estadounidense fue de dos millones 150.000 pesos.

A Franklin Alberto Garnica, dueño de la panadería ubicada en una esquina del parque Mercedes Ábrego, el hombre literalmente le desocupó su negocio.

“Él llegó, se paró en la puerta y dijo ‘todo es gratis, todo lo que pidan yo lo pago’; ni le entendía, entonces alcancé a cobrarle como a dos personas y se me paró al lado y volvió y me dijo que él pagaba todo lo que pidieran. Al cabo de dos horas, le facturé un millón 200.000 pesos”.

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Laura Serrano