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La solidaridad brota en los barrios de Cúcuta en Navidad

Sábado, 23 de Diciembre de 2017
El nacimiento del Niño Jesús se celebra en comunidad. No falta quién ofrezca un plato de comida y regalos para los pequeños.

Es 24 de diciembre. El reloj marca las 7:00 de la noche en Cúcuta. Breiner Andrés Gómez, de tres años, con gorro navideño trenzado, camina delante de su madre, Viviana Chate, con su diminuta silla de madera.

El recorrido los lleva al pesebre que colocó la comunidad frente a la casa comunal del barrio La Conquista. Está a punto de escuchar la última novena de Aguinaldos. A su alrededor le acompañan más de 70 niños, quienes con sus maracas y panderetas de plástico llevan el ritmo de cada una de las canciones navideñas.

Alrededor del nacimiento se sienta la comunidad completa. Día Noveno. Las calles no están pavimentadas, pero esto no es impedimento para elevar oraciones. Breiner no comprende mucho lo que sucede a su alrededor, pero se emociona con el sonar de cada maraca. 

Doña Carmen Vargas, 70 años, llegó hace seis de Gramalote. Su gorro regalado de Feliz Navidad lo lleva con una sonrisa amplia, que todos en el barrio aprecian. El cielo cucuteño les obsequia una noche estrellada que acompaña cada villancico.

A las 7:45 de la noche, ya concluida la novena, la emoción de los más pequeños explota. Los obsequios llegan a La Conquista. La mayoría donados. Ninguno se quedó con las manos vacías. Breiner se llenó de felicidad con su juguete.

La algarabía de los pequeños hace que el reloj corra rápido. Cuando vuelven a percatarse de la hora, ya el padre scalabriniano Francesco Bortignon llegó. Son las 10:00 de la noche y la misa de aguinaldo se inicia al momento, mientras todos agarran sus sillas para volver entorno al pesebre. Una hora dura la celebración eucarística, que marca los minutos previos al gran compartir.

Un festín de solidaridad se viene enseguida, donde nadie se queda sin un bocado en Navidad. Doña Carmen camina hasta su humilde casa, hecha de tablas, donde recibe, como cada año, la invitación de algún vecino. “Yo le tengo mucha fe a diciembre, porque a pesar de las necesidades y la falta de dinero, siempre hay algún alimento qué poner en la mesa. A nadie le falta Dios, y muy buenos vecinos”.

Ligia Rodríguez con su familia vive justo frente a Carmen. Ella la recibe junto a un grupo de cinco vecinas más. Buñuelos, natilla, masato colombiano, y tamales, hacen parte del delicioso menú. El frente, en lo que será a futuro el andén de La Conquista, se convierte en la escena perfecta y las piernas en la mesa necesaria.

Otros sí lo hacen dentro de casa, pero no hay quien no llegue ofreciendo un suculento plato de arroz con pollo, una hallaca, un pedazo de lechón, o un dulce.

El plato de Carmen se llena de todo un poco. Pero aparta un tanto para su dos hijos, y su nieto. “No se preocupe doña Carmen, yo le doy para sus muchachos”. Atinó a decir Ligia. 

Los que más tienen siempre dan una mano a los que menos tienen en el barrio. Los niños retozan en medio de la calle polvorienta, mientras los adultos esperan el momento cumbre de la noche: el Nacimiento del Niño Jesús.

“Quien no sienta la necesidad de ayudar a su prójimo en estas fechas no ha sentido el verdadero valor de la Navidad. Aquí todos nos ayudamos unos con otros. No falta la solidaridad”, contó Rafael Cruz, esposo de Ligia.

A pesar de no tener una mesa bien dispuesta, el espíritu navideño les brota en sus miradas, pero sobre todo en sus acciones. 

Son las 12:00 de la medianoche. ¡Ya nació el Niño Jesús! Exclama emocionada Carmen. Los abrazos y los buenos deseos de Navidad se confunden en las 32 manzanas que tiene el barrio. Algunas casas están apagadas, muchos vecinos se fueron a otros lugares a festejar la fecha. Sin embargo, en La Conquista muchos piden al Niño Dios que les ayude a surgir como comunidad.

Keila Vílchez B. | keila.vilchez@laopinion.com.co

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