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Las parteras, especie en vía de extinción

Miércoles, 7 de Agosto de 2019
Esas comadronas, quienes con sus manos asistieron al nacimiento de muchas generaciones, han ido desapareciendo.

Muchos de los padres de familia, abuelos y bisabuelos de hoy llegaron a este mundo de la mano de una partera o comadrona, nacidos en esos apartados lugares donde un médico era una rareza y el trabajo de atender a una mujer en el alumbramiento le era encomendado a esa viejita de noble aspecto, que llegaba a ser la abuela de muchas generaciones.

Esas comadronas han ido desapareciendo y son raros los casos de mujeres que se atreven a parir en casa. La mayoría acude a clínicas y hospitales cuando llegada la fecha empiezan las contracciones, rompen fuente y saben que están listas para dar vida.

Son atendidas en salas con mucha asepsia, mediante un trabajo de parto a cargo de un  obstetra, la asistencia de varias enfermeras si de un parto normal se trata y un anestesiólogo y otros profesionales de la medicina si es por cesárea.

Sin embargo, no todo el tiempo fue así y a las mujeres de antes que vivían en la zona rural, en pueblos apartados y aún en ciudades donde por razones económicas no tenía acceso a un centro de salud, las atendió una comadrona.

En esas situaciones les correspondía ponerse en las manos de matronas, quienes sin ningún interés económico o de otra naturaleza ponían sus conocimientos y saberes, que pasaban de generación en generación, en función de salvar vidas.

Saber que se hereda

Edilsa Antonia Pacheco es una de esas parteras, que aprendió el oficio de su mamá Alicia del Valle, del que dice sentirse orgullosa porque en sus manos muchos niños y niñas vieron por primera vez la luz del mundo y tuvieron su primer llanto. 

Su historia se remonta a la época en que vivía con sus padres administradores de finca ganadera en Ciénaga (Magdalena), donde Elisa, quien vivió 93 años, era el referente de todo el pueblo cuando las mujeres iban a dar a luz.

“Tía abuela le traigo aquí a mi mujer para que me la atienda del parto. Usted me cortó el ombligo a mí, ahora córteselo a mi hijo, le decían frecuentemente quienes llegaban a buscarla a la casa donde vivíamos". 

Edilsa siendo una niña miraba por entre las rendijas de la puerta de la habitación cuando la mamá asistía a un alumbramiento, alarmada por los gritos de las parturientas, pero al crecer se convirtió en su ayudante y así fue aprendiendo el oficio hasta que se formó también como partera.

En su casa del barrio Gaitán de Cúcuta, hasta donde llegó a vivir con su esposo Alfonso Ballesteros después de casarse en La Guajira, tuvo la suerte de atender a varias vecinas que una noche cualquiera llegaron a su puerta en trabajo de parto, ya sin tiempo para ir al hospital.

El último de esos niños atendidos ya tiene 18 años, quien nació un 15 de diciembre, el tiempo que ella lleva retirada del oficio, dedicada a sus nietos y al trabajo de oficios varios en la iglesia Santísima Trinidad del barrio Cundinamarca. 

Ayudar a la embarazada 

Edilsa Pacheco, quien es madre de tres hijos y una hija, dice que su mamá le enseñó a asistir a las mujeres para un parto sin dolor y con el menor riesgo posible.

"A la mujer se le ponen las manos en la barriga a la altura de las costillas para ayudar a bajar al niño y no se suelta hasta que asome y cuando ya está saliendo tiene uno que rotar la vagina de la mujer para ayudarlo a nacer", dice.  

Las pacientes se preparaban antes de iniciar el proceso con baños de asiento con manzanilla, se les daba agua de canela y otras hierbas aromáticas para ayudar al trabajo de parto.

Edilsa contó que una mujer que atendía su mama en la finca donde vivían, cada vez que le daba una contracción se tomaba una copa de aguardiente  y cuando por fin tuvo a su hijo ya se había acabado el litro, lo que según decía era su costumbre, repitiendo esa especie de ritual en cinco oportunidades. 

Destreza y sabiduría 

Es tal la destreza que adquieren las parteras que con solo ver, escuchar y tocar a la paridora saben cómo viene el  niño, si está en buena o mala posición y cómo hay que voltearlo. Así sacan adelante el trabajo sin importar que se trate de primerizas, mellizos, si el bebé viene sentado o de pie.

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Eduardo Bautista
Eduardo Bautista